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Mostrando las entradas etiquetadas como Historia

Hoover

L e dieron la bandera americana, que había cubierto el féretro.- Todo un patriota. - Repitieron la letanía a Clyde Tolson . Después de todo, querían quedar bien con quien podría tener toda una Caja de Pandora en sus manos. Los dosieres que Edgar Hoover , el finado, con tanto primor archivó en vida,y que de salir a la luz, se convertirían en una bomba de relojería aún discurridos años de la muerte de algunos de sus implicados. Otros garufas que seguían más vivos que nunca, temían con razón que se hiciesen públicos aquellos memorandos, que escarbaban en las facetas más oscuras de su intimidad. El propio Presidente Richard Nixon tan dolido aparentemente, ocultó sus congojas en las exequias. Una legión de hombres de negro habían volado por esta razón al apartamento de John Edgar Hoover la misma mañana del deceso. Su objetivo hallar cualquier documentación comprometida, que implicase a personas importantes para la nación. Como supimos más tarde, en ese archivo de los desagravios, Martin...

La Torre Lustig

  U n monumento a la imbecilidad humana, había tachado el gran Leon Tolstoi a la torre enhiesta, que recortaba el horizonte de una ciudad como París. Hórrida silueta que quebraba el clasicismo del Arco del Triunfo y del lúcido París de Haussm ann. El jorobado caminaba con la guía de la luna. La Place Pigalle casi solitaria, salvo algún alma que escondía sus vicios. De la caseta color jaramago del Pére Frede al Cábaret Du Néant.- Y dices que no van a derribar ese armatoste del diablo. -   No, por supuesto que no. -  -  Estos políticos qué bien administran el dinero de los demás.- Tocado por Baco, se le había encendido la lengua al ser corcovado, que manoseaba a la joven. Querría llevársela al caletre amatorio. Era mucho más feo Tolouse Lautrec , que había amamantado de sus fulanas adoradas .    - ¿A usted no le gusta? – Le preguntó la cándida muchacha, una provinciana de cabello blondo y canalillo para caer en un mar de tentaciones. Miró arriscada a...

Los gorriones de la Stasi

S u vida en las últimas semanas se había convertido en una completa farsa. Revelaciones habían arrojado luz o más bien tinieblas, sobre lo que creyó todo un cuento de hadas. Lucinda, una alemana rubia y de grandes ojos soñadores, trabajaba en la sala de cifrado del Ministerio del Exterior de la República Federal. Pero no podía creer la pesadilla en la que se había tornado toda su existencia, cuando desapareció Michael, su marido. Se miró otra vez en el azogue del espejo como si una veta de realismo brotase de cada una de sus facciones. El cartapacio y los pantalones oscuros de franela de él, seguían allí. Angela además, le había dado mala noche, pues le estaban saliendo los dientes.  Un billete de cien marcos de la RDA - Espera, déjame que se lo diga yo.- Se le había acercado la tarde anterior, Peter, un compañero del Ministerio. Le tocó el hombro, para darle una carpeta en la que se desenmascaraba a Michael. Cámaras y micrófonos ocultos, legajos en los que aparecía su no...

Brecht y el terror nazi

S e zampó la pelota de papel donde venían las explicaciones, como si fuese un suizo ¿ No era suizo el científico ése? No, había trabajado en la Oficina de Patentes de Berna, pero era tan alemán como ellos, le advirtió el más parvo de los dos científicos. Al mayor, le había parecido que un halo de no sabía qué, había entornado la puerta, y le había desconcentrado ¿ Y si fuese un oficial de la SS con el traje impoluto de Hugo Boss ? Como se suele decir, se le había ido el santo al cielo, pues imploró sagaz que "un momento, la puerta no se ha movido". Más cómodo pero con el miedo bosquejado en un sinfín de intuiciones, musitó a su compañero -Explícame lo de las ondas gravitacionales, Herbert-Con una sonrisa, el engendro mostró la boca hecha trizas. El genial científico judío -Es ciencia judía.-Le advirtió el otro, que estaba temblando. -Habla más bajo. -No puedo. -Nos van a descubrir, amigo. -Yo no puedo hablar más bajo, mi voz no es cuántica. -Bisbiseo Herb...

¡No viajes a Crimea!

U n interludio oscuro pero enseguida entraban en la pequeña pantalla los primeros compases del Lago de los Cisnes de Tchaicovsky . La caja tonta no se había vuelto loca y los moscovitas recelaron de que algo iba a ocurrir, pues era la forma habitual en la que se producían los relevos en el partido comunista de la extinta URSS. Dancemos un instante con los pequeños cisnes. Entretanto, las ruedas de las orugas de los tanques resuenan sobre el pavimento de las calles, en las que se escuchan además el murmullo in crescendo de la barahúnda que se opone al golpe. Nada de oquedad en la respuesta, los rusos quieren cambios y los van a defender. Muchos discutían en plena intemperie ardorosamente sobre la ingenuidad del Premier soviético, Mijaíl Gorbachov .- Pero cómo se le ha ocurrido irse de vacaciones a Crimea, si lo sabe hasta un niño de teta.- Proclama un enteradillo, que azogado por el embrujo de las masas, aclara tras pegarse un lingotazo del santo licor de los rusos, el vodka ...

Los comienzos del más grande

E l micrófono valorado en más de un millón de dólares>> secretaba el televisor, que se hacía eco de un reportaje dedicado a un  cantante muy famoso. Nosotros en el duermevela de la siesta, alzamos atraídos por la noticia un párpado, para que se nos revelasen  las formas del instrumento, pero apareció aquel bulto envejecido. Antaño había producido la dicha en millones de sus seguidoras y  tuvo en el hito del Teatro Paramount , una de sus paradas en el camino de la fama. Aquella noche en cambio, el fenómeno iba a actuar en el Santiago Bernabéu . A todos los italianos les brillaba una sonrisa al escuchar su nombre, pues a pesar de los esfuerzos de su madre, una genovesa que según la leyenda renegaba de su orígenes, Frank Sinatra nunca renunció a aquellas amistades de barrio y a otras más comprometidas y menos recomendables ( Salvatore Giancana , mafioso que controlaba el ocio nocturno en varias ciudades, entre otros).    Al fin y al cabo, Frankie...