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La novia cadáver

  N o hay más madera que la que arde, es lo que se le ocurrió al ingenioso Camilo José Cela, según descendía evanescente por la Calle de la Madera. Madrid era por aquel entonces una colmena, una ciudad en guerra, que se moría de frío. Pero ajeno a aquellas consideraciones, regodeó la vista en un prostíbulo qué prometía con un elegante proscenio, escenas amorosas para los más iniciados ¿ No se llamaba la calle de los oficios? Pues el oficio más antiguo no debería faltar. Ni las moralistas anarquistas (1) acabarían con ella, razonó ligero el joven escritor. Como una partida de bandoleras,  las libertarias aparecían por los locales a restituir los justos derechos de la mujer. Por mucho que se disfrazase el lugar de un taller de costura, había tráfico de carne, sin duda. Entonces, las muchachas de pañuelo rojinegro al cuello se encendían más si cualquiera de las prostitutas le reponía que no querían dejar la profesión, que les gustaba.- ¿Como os va a gustar? Os tienen secuestr...