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Mostrando las entradas etiquetadas como Gabriel García Márquez

La llama sagrada de la inspiración de Gabo.

  R efugiado en el día, Gabriel García Márquez no se curó de su insomnio. Pero rebuscó las palabras olvidadas en el regazo de las nereidas, que traviesas se las habían escondido . Algo intercedió en sus razonamientos;  su nombre sonó con la prosodia de su sirvienta, que aulló que estaba la comida hecha. – ¡Gabo, Gabo, puede sentarse a la mesa!  – Imaginó entonces el escritor sumido en una crisis de creatividad, los dedos como pulpejos de la Honoria, que habían esparcido con amor el perejil y resto de condimentos en la olla. Salivó por un instante. La gran obra de Rulfo.   – No hay remedio. – Caminaba hacia la casa y masculló para sí, envuelto en una humareda de su puro. Era un hombre de mediana edad por entonces, preocupado, con la camisa de colores sacada por fuera, tendencia a tripear, que flotaba por el jardín de igual forma que sus tribulaciones. Cómo mantener la mascarada. Le comían los gastos y no sabría cómo vivir sin Honoria. De los otros podría prescindir...

Maqroll, Mutis y Facundo Cabral

" Me gusta andar, pero no sigo el camino pues lo seguro ya no tiene misterio " Facundo Cabral En los viajes indómitos por una Sudamérica de gran fronda, en pos de oportunidades de desarrollo para la localidades que visitábamos, tuvimos un compañero inesperado y de  prestancia singular. Estaba la expedición imbuida por los aires de aventura de este personaje literario y los largos desayunos, gracias a los que resistimos una verdadera dinámica infernal, con jornadas extenuantes en poblaciones circundadas por la jungla, siempre nemorosa. Imaginándonos ser el Maqroll El Gaviero , no nos derrotaba la destemplanza del hogar lejano ni la melancolía de la familia, y cogíamos nuestro hatillo de la marca Gabol para retreparnos en camiones por los somontes amazónicos o volar al siguiente destino. En nuestra maleta pesaban los libros, única ventana para escapar de las vomitonas, los ojos afiebrados, cuando cada uno se confinaba en su tienda de campañ...

El reino Balcells.

Erase una vez una princesa  marchita por las llagas del tiempo , que había rendido además a sus pies, gracias a una personalidad arrebatadora, a las plumas más eximias del fenómeno de la literatura hispanoamericana. Un boom que creció en sus manos, e insistencia, porque sustrajo del manual de las preocupaciones de los creadores cualquier conjetura o problema, que trascendiese del mero hecho de escribir. Una idea que parece obvia en nuestros días, cuando las grandes plumas lucen como starlettes, pero que hasta la irrupción de Carmen Balcells habría sido calificada de revolucionaria ( el lanzamiento de la última aventura de Carlos Ruiz Zafón que cierra el ciclo de La sombra del viento  parecía el advenimiento de una nueva literatura, por la fanfarria que se gastó la editorial). Los editores pensaban que a pesar de que el producto fuese bueno, el periplo a las prensas y la distribución tenía que ser un camino lleno de asechanzas, con el objeto de que al artista se le bajas...

El pozo sin fondo de la creatividad de Onetti

Su voz recia nos acompaña, a saltos, que combina con una fina ironía. En sus entrevistas clavaba una gota de perfidia bien intencionada, por su escrupulosidad con el lenguaje, que rara vez fue captada por sus entrevistadores. No en vano,  Juan Carlos Onetti  se retrepaba en sus anteojos, la timidez que fluye por cada poro de su piel, para mostrarnos la sencillez de un grandísimo escritor. El mismo decía que había ejercido de tímido de profesión y es en su acendrada introspección donde nace todo el universo literario de  Santa María , una recreación a la altura de  Macondo  de su amigo  Gabo,  que ha quedado en los anales de la narrativa, con tanta fijeza como la Casa Verde de Mario Vargas Llosa . Él no era un escritor de multitudes, que se inspiraba entre la nebulosa y la hojarasca de murmullos de los cafés, sino a escondidas. En cuanto le alanceaban las musas, cogía un trozo de papel, una servilleta de confitería o un boleto del tranvía para escrib...

Do cristal a cinza

Se acerca el final de toda una   Liga , con tres equipos aferradísimos a las primeras posiciones y una horquilla de un punto, tan parva que cualquier desenlace se nos antoja posible. Estábamos con estos trances cancheros tomando un café en La Alameda de Osuna y la humareda del cigarro de mi amigo Manuel Ontiveros pululando sobre nuestras cabezas, cuando me preguntó jocoso, con una sonrisa que cuelga de su fino bigote de galán, que quién creía que iba a ser el próximo campeón de Liga. Mi amigo está representando en los escenarios el papel de un sufrido padre de familia, y el bigote parece un postizo, en una cara apenas apergaminada. A veces Ontiveros suelta unos zurriagazos, que como cancerbero de sus difíciles paradojas, me deja sin habla. - Pues no lo sé, Ontiveros, puede que hasta la última jornada tampoco lo sepamos. No soy Rappel . - Si lo fueses, Muna, sabríamos quién no sería el campeón.- Me dijo envuelto en el misterio. - ¿ Y cómo es eso, Manolo? - Rappel no aci...