H abía perdido el tren de la historia, definitivamente. Convertido en una apuesta al vacío, fumaba esos cigarros que apestaban, después de comer, y se aislaba en su amargura, mientras saboreaba la borra del café. Ambos se los había prohibido su galeno, pero qué importaba nada, en aquella jaula dorada. Entonces, Nadezhda Krúpskaya lo miraba con melancolía, por ese suicidio lento que la privaría de su marido, inexorable como el muro de silencio que se erigía entre los dos, ocasionado por las frustraciones de Vladimir Illich Uliánov , más conocido como Lenin . Aunque en el batifondo de una urbe serena como Zúrich, corrían rumores. Despiadados para el santón del comunismo. El libro de Noguez sobre el oscuro líder comunista. - Lo vi, se lo juro, allí estaba. - Dijo un desmañado pintor, llamado Marcel Janco . Era él, era él, le impelió su interlocutor, que le rogó que contara. La especie que corría era que al líder de los bolcheviques, le atraían los cantos de ...
Un viaje por la historia y la cultura