E ra una jubilosa noche de verano alemana, en la que los lirios estaban en todo su esplendor. Llegó su perfume y el de los sicomoros como promesas encantadas, hasta que adormilado, su excelencia se retiró a encontrarse con sus sueños, que eran los de todo un país. Cómo parar una inflación galopante, que hacía mella en el bienestar de los más débiles, le quitaba el sosiego. La reparación de deudas de la guerra, que el Gobierno de Weimar resolvió apelando a la impresión de dinero del Bundesbank , atrajo a esa fiera que habían invocado. Nuestro protagonista, Walter Rathenau, no llegó a ver sino el principio. Meses más tarde, las carretillas de dinero circulaban con la paga semanal, corriendo a por los abastos (1) . Pero vayamos a aquella mañana, en la que el gran estadista germano partió con su descapotable, que conducía él mismo. Rathenau, el industrial y político judeoalemán. Por el camino de costumbre y sin la escolta que le imploró su propia familia, lo que propici...
Un viaje por la historia y la cultura