Imaginemos a un individuo solitario, imbuido en los sueños más peregrinos. Camina con pisadas desvaídas por la City, donde se le amontonaban en la cabeza miles de parámetros, con los que predecir el futuro: matemáticas fractales, paseos aleatorios. ¡ Vanas ilusiones! Aquellas tribulaciones acompañan sin embargo al joven, que se quiere hacer un hueco en la industria financiera. Pretende inventar algo diferente a la distribución normal o de Gauss, dado el problema de las colas largas ( no es una producción erótica lo que le carcome la cabeza). Os puedo asegurar que aquel imberbe iba con la cabeza gacha mascullando números, embutido en un terno, hasta que alzó la vista y se topó con las poderosas Torres de Londres . Poderosas por lo evocadoras que le resultaron. En el fondo, le daban mala espina por el trágico final de los dos príncipes, que risueños si acaso principiarían en otros juegos ajenos al poder, cuando fueron asesin...
Un viaje por la historia y la cultura