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Las alas de la Victoria de Samotracia

Un noooo, rotundo salió de la garganta de Jacques Jaujard (1). Se izó de la cama como un resorte, sudoroso y con el semblante ceniciento. Su mujer se despertó llevada por el miedo a un chillido tan extemporáneo.- ¿Qué te pasa, Jacques? No parabas de hablar. - Le cogió las manos temblorosas. Tanta ingesta de nicotina y café iban a poder con él. 
- Una pesadilla, pero duerme, cariño.- El bulto de penumbras de su esposa se recostó, y supo que concilió el sueño de nuevo, por los leves ronquidos que envolvieron su respiración. 




¿Pero quién podría dormir con tantas preocupaciones? Por culpa del pacto de los alemanes y soviéticos, el director del Louvre se temió que la política europea se deteriorase tanto que llegasen al callejón sin salida de una nueva guerra. Él tuvo en cualquier caso, la inspiración de adelantarse a los hechos, puesto que jamás se creyó que en la Conferencia de Múnich se había firmado la paz para varias generaciones como proclamaba el cándido y bienintencionado Premier bri…

Los cantos de Maldoror y el surrealismo.

La maleta de Leger

El fantasma de Canalejas.

Lope y Calderón, en el convento del encono.