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Mostrando las entradas etiquetadas como Víctor Hugo

Sorolla, en la corte del rey Víctor Hugo.

  E ngreídos filibusteros de barbas foscas, que acudían a los cafés a dirimir sus diferencias y perspectivas acerca del arte y de la vida en general. Impelidos por fuerzas oscuras, y ateridos de frío, salían como fantasmas de la bruma de sus atelieres, cuando se cernía la noche sobre la ciudad. La Tercera República había traído derechos, pero nada de prosperidad.  Eso esgrimieron los llamados reaccionarios, que veían declive en todo lo que concernía a la patria. - El carbón está por las nubes.- Apreció a sus circunstantes Paul Verlaine , que caminaba entre la tumba, el café y el hospital.   Desde el ágora preferido de su esquina, acomodado, adormecido, quizá. - Y aquí se está calentito.  Paul Verlaine, el grandísimo poeta francés, en su esquina preferida. Muchos dirigieron sus miradas hacia él, pues a quel día, todavía estaban conmocionados por el cortejo fúnebre de uno de los padres de la patria y príncipe de las letras, el inefable Víctor Hugo . Su catafalco ...

Verlaine contra Rimbaud.

 "   Yo no sé si las leyes son justas o si las leyes son injustas;  todo lo que sabemos los que estamos en la cárcel es que el muro es sólido, y que cada día es como un año, un año de días muy largos ." De profundis , Oscar Wilde . A l otro lado de las rejas, acaba su mundo cuando llegaba la noche. Las cerraduras que chirriaban al cerrarse, el sueño pestilente, y las erupciones que le provocaban los trajes de arpillera. Ni el pretil de la poesía o el recuerdo de los rimeros de libros, agazapados en la estantería de su gabinete, le hacían escapar de la humedad que se le metía en ese caparazón roído por la infamia. Más derruido por su sentimiento de culpa.  Encendía el cabo de una vela, que le escondía un centinela admirador de su poesía, para que Paul Verlaine , maestro de los simbolistas, continuase pergeñando versos. Pero lo más, a lo que le llegaban las fuerzas, era a hojear una Biblia agónica, que escondía  tras un  hueco y un resto de ladrillo....

Censura en Casablanca y Cuasimodo en realidad se llamaba Antruejo

Los  besos circulares corridos , y algunas delicias lingüísticas relucen como rescoldos de la desmesura censora que asedió nuestro cine durante la dictadura franquista. Pero no debemos llevarnos a engaño, porque no fuimos una excepción en nuestro entorno ¿Quién no recuerda la escena sublime de Cinema Paradiso, en la que se deslizan grandes intérpretes como amantes arrobados que se conceden un beso? Los mismos habían sido hurtados de la cinta, cuando el clímax sexual llegaba a su cénit y más allá de lo permitido. Recordemos que el párroco de la villa siciliana, campanilla en ristre, cercenaba cualquier imagen que contraviniese la moral de la época. O el rígido Código Hays , que asumido por la patronal de las productoras de cine, comportaba un verdadero corsé para la creatividad de los directores de cine. No sólo estaban prohibidos los cuentos sin moralina- el mal nunca podría salir airoso - sino que la voluptuosidad excesiva también fue objeto de la autocensura en la Meca del ...