Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Enrique Rambal

Los ladrones van a la oficina

L a noticia l e arrancó una sonrisa al joven Luis García Berlanga . Qué delante de sus narices, se hubiese desarrollado toda una tramoya del engaño, le despertó mucha hilaridad. Miró alrededor del Levante mientras leía el recuadro del Heraldo de Madrid ¿ Qué conocía  realmente de todos aquellos señores que se decían sus amigos? El joven merodeaba con unos pocos cervantes en el bolsillo por los café- conciertos, donde orondas canzonetistas elevaban sus voces con enormes gallos, y perpetraban cuplés, arias de Puccini, o lo que se terciase ¿Serían el antecedente de sus presuntos devaneos con las ninfas de plástico?  Luego estaban las tertulias, más aposentadas, en las que catar algo de ginebra constituía todo un deliquio para catorriberas, soplistas, que escuchaban embelesados a las pocas figuras que había dejado una guerra, parteaguas de nuestra cultura. Jacinto Benavente , para solaz de algunos, todavía escribía comedias en El Gato Negro , ¡cuidado, crucemos los dedos, todos ...

Rambal, mago del teatro.

E ra una tarde vaporosa y chubascosa de invierno. El frío se le había metido en los huesos, y la recoleta sala de cine prometía el calor humano, un buen resguardo para las inclemencias. Pero el padre iba con una sonrisa cincelada porque se imaginaba que tamaña sorpresa, no unas vulgares entradas de cine, provocaría la algarabía en sus retoños.  Convencido del éxito,  discurrió presuroso por los cascotes que flanqueaban todo el alfoz de Argüelles. Fantasmas de la guerra que si se aguzaban los sentidos, aullaban sus penas. En cualquier caso,  la vida cuando la muerte había estado tanto tiempo acechante, se abre paso a trompicones. Seguidamente Gerardo subió las escaleras con grandes zancadas, y aporreó la puerta. Escuchó al fondo las pisotadas ligeras de sus niños.- ¡Abrid niños, que es papá!- Tenía las llaves en el fondo del gabán y entre gurruños de papel de la oficina. Pese al amago de los hijos, su mujer le franqueó  finalmente la puerta. - Os he dicho que no ab...