Un interludio oscuro pero enseguida entraban en la pequeña pantalla los primeros compases del Lago de los Cisnes de Tchaicovsky. La caja tonta no se había vuelto loca y los moscovitas recelaron de que algo iba a ocurrir, pues era la forma habitual en la que se producían los relevos en el partido comunista de la extinta URSS. Dancemos un instante con los pequeños cisnes.
Entretanto, las ruedas de las orugas de los tanques resuenan sobre el pavimento de las calles, en las que se escuchan además el murmullo in crescendo de la barahúnda que se opone al golpe. Nada de oquedad en la respuesta, los rusos quieren cambios y los van a defender. Muchos discutían en plena intemperie ardorosamente sobre la ingenuidad del Premier soviético, Mijaíl Gorbachov.- Pero cómo se le ha ocurrido irse de vacaciones a Crimea, si lo sabe hasta un niño de teta.- Proclama un enteradillo, que azogado por el embrujo de las masas, aclara tras pegarse un lingotazo del santo licor de los rusos, el vodka , que le había ocurrido otro tanto << a Nikita Kruschev>>. Era verdad, a Nikita cansados de las veleidades aperturistas, que descafeinaban el proyecto socialista de la Unión Soviética, el Comité Central lo depuso cuando se fue a reposar tras un ajetreado año, a su dacha de Crimea.
Qué era eso de coquetear tanto tiempo con el Tío Sam, donde tras las primeras incomprensiones hacia Krushev, convirtieron en un icono pop al adusto líder del Kremlin. Como nos cuentan en este fabuloso blog Sentado frente al mundo, uno de los momentos más hilarantes de la Guerra fría se produjo cuando el líder soviético en pleno viaje por los Estados Unidos, supo que no podría visitar Disneylandia, icono del capitalismo. Su humor cambiante y las malas interpretaciones, dieron para los fisgoneos entre los anfitriones americanos. Por tanto, el viejo en torno al cual se había arracimado la multitud, sabía bien de lo que hablaba. Muchos oradores con altavoces, dirigieron a las masas en aquellos días fatídicos en los que la Perestroika estuvo en el aire. Al fin y al cabo, Gorbachov cojeaba del mismo pie que el imprudente Nikita, al que sustituyó un inmovilista recalcitrante como Breznev. Recelando de esa involución, muchos rusos salieron a las calles para defender más que a Gorbachov, la necesidad de explorar otros caminos.
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Gorbachov y Reagan, lo dos artífices del desarme y
de un epílogo feliz para la Guerra Fría.
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Verdad que les cansaba la pompa y el boato de Raisa Gorbachova. Parecía un molde de Nancy Reagan; aunque lo que más les importaba era que el viejo abogado defendió como decíamos, un cambio en los engranajes corroídos del antaño paraíso comunista. Su firma en Malta(1) del desarme se había dado por pura conveniencia. En una crisis económica monumental como la que experimentaba su país, no cabía el dispendio armamentístico. Qué otra cosa hacer si no era parar aquella locura. Se necesitaban recursos para la transformación que necesitaban los suyos. Sin embargo, los cambios se enlentecieron y pasaron a una transición dolosamente premiosa. Puesto que a Gorbachov le atacaron desde la reacción del partido, y también aquellos que le reprocharon que no llegasen pronto los nuevos usos. Y en esta posición de fragilidad decidió actuar el Ejército Rojo. Que contaba con que al toque del Lago de los cisnes, una población llena de congoja, se mantuviese encerrada en sus casas.
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Bush y Gorbachov en Malta, que puso término a una época
de grandes amenazas para la paz mundial
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Como sabemos no fue así. De aquella asonada militar, emergió la figura de Boris Yeltsin, que se subió a los tanques para arengar a los soldados y a las masas. Conocida es la escena, que dio la vuelta al mundo en primera plana. Un depuesto Mijaíl Gorbachov que apenas se enteró de nada de lo que sucedió en medio de la revuelta, supo del mismo modo que recuperaba el poder. Si Yeltsin hubiese querido en loor de multitudes habría desfilado al Kremlin. No obstante, fue muy avezado, pues un país en la picota, cerca del vacío que significaba sustituir las arcaicas estructuras económicas de la Economía centralizada por un mercado libre que no acababa de llegar, comportaba tomar las riendas en un auténtico marrón. Mejor que se inmolase Gorbachov.
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La obra de Pasternak como él, vivieron un largo
invierno hasta la llegada de la Perestroika.
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La glasnost pervivió. Gracias a ella, nos enteramos de que los soviéticos y sobre todo Stalin nos habían estado tomando el pelo con el destino de Adolf Hitler. Con la apertura descubrimos que los soviéticos tenían su dentadura. Señalemos que algunos teóricos de la conspiración creen que se tratan de los dientes de su amante Eva Braun - y que por tanto el dictador alemán salió vivito y coleando del Armagedón que el mismo provocó. También un rozagante Vitaly Shentalinsky se enfrentó a la mirada codiciosa del funcionario de la KGB ¿ Le pedía más dinero con esa sonrisa rellena, colmada de ironía? No, le advirtió que era el primer escritor que viajaba a los sótanos de la Lubyanka voluntariamente(iba a documentar en los archivos de la KGB, su trilogía maravillosa de cómo el aparato represor soviético se abalanzó sobre la literatura). También se pudo editar por primera vez el Doctor Zhivago de Pasternak, que se había distribuido y leído por partes en los enojosos samizdat. Disfrutemos otra vez del maravilloso ballet del Lago de los cisnes. Pero no teman, que esta vez no volverán los tanques a las calles.
(1) Los rotativos de la época bautizaron a la Conferencia de Malta como el epílogo de la Guerra Fría. Según dice la gran divulgadora Diana Uribe, la Guerra Fría se puede resumir con la frase De Yalta a Malta
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