R ecientes los hechos, muchos lectores denunciaban en las cartas al director, que en las islas teníamos un verdadero Caballo de Troya, por haber acogido a un tal Karl Marx . Si había huido de Alemania y de Francia, donde le habían cerrado sus respectivas cabeceras, para instalarse definitivamente en Londres, sus razones tendrían las autoridades de aquellos países. " Libertad de unión para delinquir. ¿Qué derecho es ése? " Esgrimía alguno de esos indignados suscriptores del The News of the World , el periódico en el que desempeño mi labor. De sesgo conservador y sensacionalista, era verdad, que por patriotismo, muchos obreros de mi país, veían con recelo aquellas ideas importadas y sentían una inclinación mayor por el pensamiento de John Stuart Mill . Karl Marx, el famoso pensador. Los más, barruntaban que aquella misteriosa Asociación Internacional obrera , había movido los hilos de la funesta Comuna de París , con un epílogo tan sangriento como oportuno, ...
Un viaje por la historia y la cultura