Mucha expectación había levantado el anuncio de LIGO , y es que los institutos de investigación han entendido perfectamente el eco que logran sus éxitos cosechados entre farallones de espectroscopios y computadoras. A través de las redes sociales y los mass media van filtrando deliberadamente y a cuentagotas la información como en una novela de intriga, hasta que el directivo del ente nos desentraña en una rueda de prensa el nudo gordiano del enigma científico a la vez que bosqueja una sonrisa socarrona. Porque son más vanidosos de lo que aparentan, tienen el ego de viejas vedettes y más mundanos si cabe. Aparte de descifrar alargadas ecuaciones vedadas al entendimiento de la mayor parte de los mortales, muchas veces su orgullo se ventila con apuestas a suscripciones de revistas del género alegre (lo confieso, fingimos con interés y alevosía que entendemos algo del chorro de incógnitas que profusamente brotan de la pizarra de Edward Witten ) . V.g. Kip Thorne y Stephen...
Un viaje por la historia y la cultura