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Mostrando las entradas etiquetadas como Operación Barbarroja

Metaxás, la redención de un agrofascista heleno.

B onachón en las distancias cortas, de risa contagiosa. Como desdeñoso si alguien se convertía en el faro de una conversación, pues anhelaba como un niño el foco de atención. Macerado, no dejaba un rastro de la moussaka, que incluso cenaba aun con la pesadez de estómago que le presuponía , mientras miraba el polisón azul del cielo ateniense, con el cigarro enroscado en los dedos.   Arriba, la Acrópolis y el Partenón , tan límpido. Se le venía el mal café cuando recordaba los frisos, cuya reposición demandaba a los imperialistas ingleses. Aunque ésas eran cuestiones para otra época, porque al dictador heleno, Ioannis Metaxás, los virajes siniestros de la geopolítica, le habían colocado en una disyuntiva, y tuvo que elegir a los ingleses, frente a las potencias del Eje. Ioannis Metaxas, el peculiar dictador griego.  A pesar de la situación, gravosa para los intereses de su país, solamente le inspiraban hiel a  Metaxás que le nombraran a su adversario político, Eleft...

La fría conciencia de una generación

Como grajos negros, varios personajes extraños habían  revoloteado  en torno a su casa. Un individuo zafado en la farola, embozado en su overol y un pitillo cuyo humo le hubo delatado, pasaba las horas muertas en la acera de enfrente. El escritor, presa de miedos inconfesables, se enervó cuando el eco de un ruido casual retumbó en su casa silenciosa ¿ Se habrían atrevido a entrar? George Orwell (su verdadero nombre Eric Arthur Blair ) receló entonces  de los servicios secretos  de una democracia como la británica. ¿Y si hubiesen quemado las pruebas de imprenta? No importaba, tenía el original a buen recaudo. Una vez más retiró el visillo, y oteó más allá de la callejuela donde se apostaba el espía. ¡ Allí seguía el desgraciado! Hasta editores que creían que la obra merecía la pena, no se atrevieron a aventar el clima de confianza que las necesidades habían convertido en virtud para el Primer ministro Winston Churchill . ¡ Sería desafiar al Número 10 de Downin...