L a gloria es como la noche que se cierra en un otero ignoto. Una soledad que te corroe por dentro. En su inmensa llanura natal, Polonia, jamás habría imaginado un ascenso tan repentino a los cielos, como tampoco lo que consideraba una ominosa caída a los infiernos. Sin embargo, había pasado tanto tiempo de aquéllo, que las remembranzas dolían en un corazón atribulado. Pola Negri había tapado con sábanas la mayor parte de los muebles de su mansión, estancias que hablaban de un viejo esplendor, que se había esfumado. Arrinconada, pasaba fumando las tardes, cuando recordaba el primer éxito que tanto celebraron al otro lado del Atlántico. No en vano, había rodado una cinta con un director novel, un tal Ernst Lubistch muy académico, a pesar de su juventud rozagante . El caso es que su interpretación en Los ojos de la momia no había pasado desapercibida para un productor americano . Una historia que llegó antes del descubrimiento de Howard Carter del ...
Un viaje por la historia y la cultura