S ecretaba un rumor confuso. Medio embebido en imágenes, señaló aturdido a una sombra y logró articular palabras. - ¿Eres tú? - Los viandantes guardaban cierta conmiseración con aquel bulto recostado en un callejón, mientras la ciudadela revivía en su ostentación ampulosa. Había recuperado algo del viejo esplendor. La Primera Guerra del Opio había humillado a un régimen por el que en aquella región no se tenía mucha simpatía, más bien una honda aversión. La corrupción de los manchúes llegó hasta los más recónditos lugares de la administración. Aquella piltrafa que rezongaba pasajes de la Biblia, fue un estudiante modélico, inteligente. Sin duda, su familia de la etnia hakka creyó que Hong Xiuquan haría una carrera muy brillante en la administración y les sacaría de la pobreza. Pero los manchúes se cooptaban a sí mismos, huelga la redundancia con el fin de remarcarlo, pues no querían que nadie ajeno entrase en los cenáculos de poder. La frustración del joven Xiuquan le condujo po...
Un viaje por la historia y la cultura