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Mostrando las entradas etiquetadas como Scott Fitzgerald

Miss Lonelyhearts

E l amor, hecho de  materia  etérea . ¿Química o física? Filtros amorosos, cartas del Tarot que dibujan un espejismo, más que el futuro. Más consejos amorosos con los que aferrarnos a una aspiración, que nos sirva para combatir la soledad y nuestro desespero. Más acuciantes si cabe en la gran urbe, donde conviven como abejas millones de seres humanos, que fingen saber lo que hacen en esta inmensa colmena. Muchos acuden a él, un lobo solitario, que en medio de la redacción escucha el sonido de una Remington, que comienza alegre un artículo. Él vuelve a frotarse los ojos, le flota el terno alrededor de su cuerpo, mientras le aguardan farallones de cartas de su sección de consejos. Busca una epifanía que le haga salir de su marasmo. Es hombre, pero sabe que las mujeres guardan mejor las confidencias y el público se abre más a sus brazos maternales. P or eso el protagonista se disfraza en el seudónimo de Miss Lonely Hearts , que es el título de esta magnifica novela, para llevar...

Shakespeare and company

   C oloca ese ejemplar de  La tierra  baldía  en el cajón verde de fuera, Enrique.       - ¡Me llamo Ernest, Alice!- Le insistió su invitado de rasgos fenicios, mientras la muchacha se esponjó en una sonrisa. Le resultaba agradable el hombre con piel aceitunada y unas  grietecillas en torno  a sus ojos.              Ernest o Enrique se esfumó seguidamente por la puerta de entrada y contempló los sobredorados del ejemplar de La Tierra baldía, amarilleado en su interior, que relucían en un día de cielos abiertos, en aquel lado del Sena. Era su obra preferida de  T. S. Eliot , cosas del destino.  Cuando soñaba con ella, canturreaba “ The Chair she sat in, like a burnished throne ”.  Quería ser  puro  sin duda, completar el ritual rigurosamente como cualquier “ tumbleweeds ”. Trabajaría por ende unas horas  a cambio de ser albergado en el pr...

El tamaño sí que importa.

Sin duda una de las parejas eternas de la literatura, trufada de episodios hilarantes, sería la conformada    por Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway . Nos movemos en las arenas movedizas del primer siglo XX y llueven los testimonios sobre este dúo en París era una fiesta; o  lumbreras de la metaliteratura como nuestro Enrique Vila-Matas han recurrido al bisturí de su agudeza, para  apreciar la figura y el rostro de Fitzgerald, oculto en alguno de los protagonistas de  los cuentos de Hem. Bien es cierto que otros autores se meten en el cieno freudiano, con el que sacarán a relucir  matices sexuales en la relación de estos dos monstruos . Afirman con rebozo, que entre ellos hubo un amor platónico en ciernes. Más a su favor juzgan la prescripción de Ernest respecto a las limitaciones que  una  esposa  acaparadora,  Zelda,  le imponía a su partenaire literario.  Ese noray que le amarraba y le impedía despegar en la literatur...

Fugas reales e irreales

Del arte de la fuga. Quién no se ha sentido hecho un guiñapo frente a las adversidades que le han zarandeado y en el momento más inesperado, una novela le abría una ventana para fugarse de su maltrecha realidad (no para tirarse). Una ventana de guillotina, con vistas a una ficción que le alejaba de la hondura de sus pesares y que le permitía coger resuello, en un período donde le asolaban las tribulaciones. Como la pareja del escritor consagrado y el aspirante, uno de los dúos más eternos de la historia literaria, que emprenden juntos un viaje interior y exterior, hastiados del bullicio de la meca artística de la que escapan. " No mirar hacia atrás, salvo que queramos convertirnos en unas estatuas de sal " Imaginemos un Francis Scott-Fitzgerald vaca sagrada devoto de su esposa Zelda , llena de sofisticaciones, sus bucles y vestidos vaporosos, que de pronto huye con el promisorio Hemingway a ninguna parte. De fondo, les envuelve el monótono ruido de las vías del tren. ...