A rdía en celos, sobre todo de incomprensión. La diva lo habría querido para ella sola, pero le constaba que coqueteaba con la Membrives . Bodas de sangre debía haber figurado en su repertorio y por el contrario, su querido Federico García Lorca se la había vendido a la compañía de Josefina Díaz . Entretanto, el bonachón de Josep, su marido, renegaba con indulgencia sobre cualquier motivación oscura, que llevase a Federico a hacerle un gran vacío. -Margarita, querida, si le quieres, déjale ir. - Y con tono doctoral. - No hay ninguna conspiración en contra tuya por parte de nuestro Federico. - Si, pero desde aquello. La grandísima Margarita Xirgu. La diva del teatro dejó que sus ojos aguados, se bañasen en añoranzas. Esa obra imposible, con tantos saltos en el tiempo, un jugador de rugby. Su sexto sentido le decía que la cuita tenía su origen en ese bodrio: Así que pasen cinco años . Una acción que botaba en el tiempo y c...
Un viaje por la historia y la cultura