A l rey de Inglaterra le habían subido las fiebres, y postrado en su cama, supo que le llegaría el momento donde delirará, pero antes de perder la conciencia, quiso asentar cuál sería el futuro de su reino. Por esta razón, invitó a su primo Haroldo a escuchar sus últimas voluntades, que recitaría claramente y en voz alta, para que sus súbditos diesen fe. Era verdad que le costó arrancar una mísera palabra a una garganta que se le hubo resecado por el acecho de la muerte, pero le advirtió claramente, que sus tierras serían del futuro Guillermo el Conquistador . Haroldo, que se había sentado en el costado de la cama, se levantó airado por lo que creyó una traición. Él era el legítimo sucesor y ¡ la duda ofende! Quiebros y requiebros en la pieza, engalanada para indicar los blasones de la casa del rey, y las teas cuya luz parecía flotar. - Primo, me has decepcionado.- Reclamó un Haroldo herido, y de cabellos blondos. Un cronista avezado se percató de la importancia de las palabr...
Un viaje por la historia y la cultura