¿D ónde está mi cerebro, desgraciado? - El interrogado le rondaba con el escalpelo sanguinolento, cortes allá y acullá, esto es, el Principe de las letras castellanas había cogido infraganti al Doctor Luis H. Debayle , que solemne había proclamado unas horas antes :¨ ¡ Aquí está el depósito sagrado!" (1) Acababa de hacerle la incisión que levantó el tapete de pelos de la crisma, y el cholísimo , que había sido siempre muy coqueto, le resultó patético de esa guisa, por lo que el forense hubo de dominar una hilaridad, que le invadió a oleadas. Se hubiese muerto otra vez pensó, ya que si cualquier fémina entrase por la puerta de la morgue, y se topase con el cuerpo desmembrado, ni un poema le habría sacado del trámite. Porque el señor Rubén Darío llevaba a gala la fama de seductor gracias a sus poemas inigualables, pero no le acompañaba un físico rechoncho y panzudo. Tanto que mientras el equipo de medicina forense de Debayle hacía la descripción previa a la autopsia, les pa...
Un viaje por la historia y la cultura