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Mostrando las entradas etiquetadas como Julio Camba

Y el verbo se hizo mujer

Un desdeñoso Julio Camba intuyó en el año 1928 que la irrupción del sonoro supondría un terremoto en la concepción del cine, al que todos consideraban el hijastro menor del teatro , pero que por atraer el foco de las masas, acabaría comiéndoselo (1) . En algunas ocasiones son los hijos los que se devoran a Saturno , más en el mundo de la tecnología. Sin embargo, nos inmiscuiríamos en otra historia, que nos guardaremos en la recámara. Como decíamos, Camba, en un artículo despellejaba la nueva invención, puesto que acabaría con la universalidad del cinematógrafo, que se iba a fragmentar hecho añicos en los distintos idiomas del globo terráqueo ( hicimos una semblanza de Camba en el ejercicio de corresponsal de ABC en los EEUU ) . En nuestros tiempos, las muecas de los artistas del cine mudo nos parecen paródicas por el exceso de histrionismo, pero en ausencia de palabras con las que elevar sus estados de ánimo, los estudios reclamaban...

Una imaginación al servicio de una infinita torpeza

Había sido un tipo caballeroso, con una imaginación delirante. Como buen prusiano se dejó los rieles de los bigotes  bien alargados; además de quisquilloso con la vestimenta, que reflejaba una tediosa forma de vestir, que poco guardaba relación con una cabeza por la que revoloteaban infinidad de pájaros e ideas. Tampoco el hundimiento del  Lusitania había despertado más que las iras de los americanos, que siguieron aislados en su convencimiento de evitar la guerra. Pero el Ministro de Exteriores del Káiser, Arthur Zimmerman, logró lo imposible gracias a un telegrama que podríamos calificar como una  torpeza infinita. Aun cuando  casi nada les removería de su neutralidad, ni los esfuerzos por atraerles al conflicto de su Presidente,  Woodrow Wilson , el político extravagante del Káiser  llegó desafortunadamente a ese propósito. Por otra parte, hagamos un inciso dado que nos resulta curioso el esfuerzo de u...

Un año en el otro mundo

Podría parecer a tenor del título,  Un año en el otro mundo , que  Don Julio Camba  regresase de ultratumba con sus manos lechosas y entre cendales de neblina, para relatar  sus experiencias  del otro mundo  a los vivos. Algún lector fantasioso, trémulo y lleno de congoja, creerá atisbar la voz de la  medium,  que nos impreca para que nos acerquemos a la luz y escapemos de la seductora estampa del señor Camba, pero sobre todo de su facundia que como una telaraña atrapaba a sus lectores, que más que eso, eran verdaderos devotos. Danzamos en nuestra imaginación feraz entre las hileras de tumbas de  La Almudena , hasta que por ensalmo se disuelve el recuerdo del periodista y escritor, que sobrevuela las azoteas de Madrid, para convertirse en el eco de nuestro aburrimiento. Porque más que un año, ha transcurrido un siglo desde que Don Julio escribiese sus crónicas americanas para  ABC,  por lo que  a ese lector que estaba adormi...