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Mostrando las entradas etiquetadas como La Isla del Tesoro

Luis Cernuda,un aura de soledad

L a sombra pérfida de su hermana se derramaba por la floresta del patio, cuando le hubo amenazado con desflecar unas cuantas hojas más de Madame Bovary para martirio del joven Luis, que huía de las horas más plúmbeas asaltando la " capilla literaria " que el padre, el General de Brigada Bernardo Cernuda y Bauzá, guardaba con celo. Adusto hasta las más insondables consecuencias, el militar había prohibido a su progenie entrar en la biblioteca en su ausencia.- ¿ O juegas con nosotras, o acabo con este libro, Luisito? - La hermana cruel enarboló un libro de viajes de Roma, el preferido del futuro poeta y en el que se recrea durante las siestas interminables de una Sevilla, que se derrite con la canícula de julio. - Te lo digo en serio, sube con nosotras a la azotea. - Si dejas el libro encima del banco.- Lo dijo Luis con el aplomo de quien desarticula una banda de maleantes.- Luego las tijeras.-  Las tijeras - pistolas cayeron con estrépito.-  Cuidado, que vas a desperta...

Mary Celeste, el barco fantasma.

En los suntuosos recuerdos (1) de nuestra niñez, brillan los mapas imaginarios de corsarios y piratas, cuando en plenos vericuetos guadarrameños, aguardábamos agazapados en el campo a que pasasen de largo los mayores, para franquearnos el paso en el juego, al lugar donde presuntamente habían escondido el premio. En una de aquellas idas por el dédalo sembrado de pinochas, Toby, un precioso cocker spaniel, más avezado y buscador infatigable de viandas,  se hizo antes que nadie con el premio gracias a sus sensibles pituitarias. Poco después, el cordel de un chorizo de cantimpalo colgaba delator de su boca, y con cara jocunda, nos miraba altivo porque no alcanzaba a comprender el motivo de nuestras risotadas.   Fue gracias a La Isla del Tesoro (2) , que descubrimos el placer de imaginarnos aventuras como las de su protagonista, Jim,  y convertirnos algún día en grumetes. A lo largo de nuestras vidas, recelamos de ...