Hablábamos hace unos días de nuestros héroes de papel del S. XVI, ratones de universidad y algunos vaticanistas, que rehuyeron de las explicaciones sencillas, a fin de comprender fenómenos complejos como La revolución de los precios y la variabilidad de los tipos de cambio – también fluctuaban y desconcertaban en los confesionarios, donde atribuían estas oscilaciones a la avaricia humana. Sin los instrumentos ni el aparato matemático del que gozan los modernos economistas, es como si hubiesen escarbado en un penoso túnel y hubiesen hallado un fanal de luz portentosa. Azuzados no es menos cierto, por sus feligreses, que se azoraban y azoraban a sus confesores sobre la conveniencia de subir los precios del bien con el que comerciaban. Recordemos la doctrina del justiprecio que había asentado Santo Tomás de Aquino en la idea de Aristóteles del cambio justo, que tenía lugar si había una igualación en los intereses de los compradores y vendedores. Pero a fin de entender más e...
Un viaje por la historia y la cultura