Había sido un tipo caballeroso, con una imaginación delirante. Como buen prusiano se dejó los rieles de los bigotes bien alargados; además de quisquilloso con la vestimenta, que reflejaba una tediosa forma de vestir, que poco guardaba relación con una cabeza por la que revoloteaban infinidad de pájaros e ideas. Tampoco el hundimiento del Lusitania había despertado más que las iras de los americanos, que siguieron aislados en su convencimiento de evitar la guerra. Pero el Ministro de Exteriores del Káiser, Arthur Zimmerman, logró lo imposible gracias a un telegrama que podríamos calificar como una torpeza infinita. Aun cuando casi nada les removería de su neutralidad, ni los esfuerzos por atraerles al conflicto de su Presidente, Woodrow Wilson , el político extravagante del Káiser llegó desafortunadamente a ese propósito. Por otra parte, hagamos un inciso dado que nos resulta curioso el esfuerzo de u...
Un viaje por la historia y la cultura