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Mostrando las entradas etiquetadas como la Casa de las muñecas

Plegarias no atendidas.

E n cada uno de sus actos regios buscaba la Morada Celeste. El monarca, empequeñecido por el sinuoso paso del tiempo, aferrado a su misal,  cavilaba sobre el destino y el misterio de la muerte. Un bisbiseo sordo: " Santo,Santo Padre, cuál es la voluntad del Altísimo " Su confesor, calvo y de barbas luengas, de hábito oscuro, con el que  el rey entrelazaba las manos, y  con el que rezaba después al unísono el rosario, escuchaba atento. Más plegarias hasta que profirió el amén,  aquel confesor, que había sustituido al poderoso  Fray Bernardo de Fresneda . Felipe II, el rey que hizo de la burocracia su estilo personal En el rey eran prominentes las arrugas excavadas en su rostro, la barba antaño bermeja, moteada de canas. La razón de estado, rimbombante subterfugio para cometer los crímenes más abominables, ideada por su secretario personal, que había erigido un laberinto fantástico para que no pudiese bien discernir el fin de todo aquello. Un espejismo como le con...