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Mostrando las entradas etiquetadas como André Bretón

El coño de Irene

E n un hotel de Madrid, ardían las hojas de un proyecto de novela erótica, y por qué no de la vida. Más de mil páginas llenas de ambición. Cayeron como racimos de plataneros heridos por el peso de la madurez o las hojas caducas de un otoño, que se escenificaba más allá de la ventana donde se había hospedado Luois Aragón . - No puede quedar ni una viva. - Aguarda, zonzo, que esto se puede publicar.- Le dijo su partenaire femenina. - No es esa la razón, querida, ¡yo burgués! Lo que me faltaba.- Blandía el orgullo del autor que ve su producto profanado por la crítica de unos mentecatos que no captaban la hondura de la misma. Él, que había pastoreado como un histrión a sus discípulos surrealistas- a golpes de efecto junto al otro tótem, André Bretón - fue orillado como clase media por esas más de mil páginas. Y su vanidad aunque fuese cierto aquello, le llevó a tirar de soplete como se decía en la jerigonza literaria . - ¡Vamos, fuego redentor!- Azuzó las bestias de las llamas para qu...

Buñuel en República confidencial

Con un dry Martini se le soltaba la lengua. Pues eso, un inspirado Luis Buñuel contaba en su libro de memorias, Mi último suspiro , que la gran París, grisalla de los artistas de orígenes más diversos, se había convertido en un polvorín en la década de los treinta. De todas formas siempre fue una urbe pródiga en violencia, sobre todo para unos ojos más acostumbrados a las sutilezas de los hombres que guardan las apariencias y no resuelven sus odios, sin embozos. No en vano, en una de sus primeras incursiones en la noche de la capital francesa, el de Calanda  todavía ebrio por los contornos vaporosos de sus bulevares,  recordaba cómo a su amable anfitrión en una cena, se le demudó inopinadamente el rostro. Y sin mediar palabra, salió disparado al otro extremo del restaurante, para abofetear a un desgraciado. Cuando retornó a la mesa, le habló de la insole...