E scúchenme si no tienen otro remedio, porque quizá lo que les cuente sea igual de irremediable ,que el tremedal en el que me enredé durante toda mi vida. En vano, traté escapar de la muerte, que se me presentó por primera vez de forma desgarradora en los animales disecados de la clase de naturaleza. Con sus sombras, que en romería nocturna los atolondrados pupilos del colegio Jesuita de Moguer, visitamos en una macabra Santa Compaña . Todo el mundo dormía y soñaba con lo que podía. Yo les chistaba a mis compañeros de aventuras, y les musitaba entre congojas que bajasen el tono. ¡Cómo nos descubrieran los padres jesuitas se armaría un gran tiberio! - ¿No te atreves, melón? - Sí, pero se va a enterar toda Huelva. A veces, es mejor demostrar una verdadera cobardía, que echarse para adelante si es que las imágenes de tu hazaña se graban toda una vida. Ellos, los animales, habrían sufrido, disfrutado. Ya son historia. El reverbero de unas caras fieras, iluminadas po...
Un viaje por la historia y la cultura