Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como El Fuego

Caballo de batalla.

-           ¡ P reséntate aquí, cabo patoso! - Me acerqué despavorido, al escuchar el rugido de Oh,  capitán,  mi capitán. Un poco de sorna no está de más porque todos esos juegos de disciplina me habían cogido algo talludito. Con el sobresalto casi tiré mis gafas de pasta de carey. Un jeribeque a lo Harold Lloyd me salvó sin embargo de tan enojoso trance, y de no ir a tientas hasta que tuviese repuesto. - Sabes que eres un meapilas, que me joden los tíos listillos como tú, pero hoy es tu día de suerte. Vas a servir en el comedor y cuidado, que tenemos una visita distinguida. -    ¿ Quienes nos visitan, mi capitán? - Cometí el desliz por mi afán de enterarme de todo, una especie de complicidad. Ni por esas se ablandó el corazón de espartano del capitán Yáñez,  ya que su lengua afilada volvió a reverberar una lista de improperios, que nos ahorraremos por falta de espacio. Como la grana, saludé y me fui  ...

Idus de Caporetto.

En las estribaciones y somontes de Caporetto , un valle esloveno normalmente silente, se desvaneció el espejismo de defensa del ejército italiano en la Gran Guerra . Quizá el excursionista oiga el rugido apagado de los cañones y perciba sutilmente la muerte entrañada en los lentiscos, pero aquel 24 de octubre de  1917 al alto mando del infame Luigi Cadorna, le llegaban noticias sesgadas sobre la debacle que se estaba produciendo en el frente. " ¡Pónme con el frente, pónme, con el frente! " Repetía el infausto general, que merodeaba por la mesa de su despacho sin saber qué hacer y que corría despavorido en cuanto llegaba cualquier comunicación del secretario del Gabinete del Gobierno, para reponerle corajudo que todavía no sabía nada. Los austriacos reforzados por divisiones alemanas habían lanzado una ofensiva, que con el paso de los días, el Regio Esercito tampoco supo enjugar. Luigi Cadorna, figura que representa como nadie la crueldad de la obediencia ciega ...