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Mostrando las entradas etiquetadas como Frank Sinatra

El dramaturgo Orton y las mil y una sexualidades.

  C on la cara de enfant terrible, Joe Orton cuidaba su vestimenta, por esos viejos tiempos del College, pero el espíritu burlón que adornaba cualquier mueca del dramaturgo, estaba siempre latente en él. Cuando llegué, clamaba contra el mundo; todo alrededor de su  figura  fascinante , me pareció un caos. No supe, tímido, con mi libreta de anillas y la moderna grabadora, qué espetarle. Me aposté silenciosamente en el quicio, mientras entre el bullicio de la estancia, revoloteaba su representante, siempre predispuesto a frenar su turbidez. Creo que no había reparado en mí.  El genial dramaturgo, que dejó una profunda huella en el teatro inglés.  - Joe, frena esa lengua. No queremos ofender al gran público. Hay que ganárselo poco a poco. - El agente de Orton era un hombre algo vetusto, que le adentró en el mundo editorial, pero que conocía esos ímpetus de su pupilo. A pesar de que Orton se había convertido en un fenómeno, su descaro, esa pinta de niño bien de la ...

Los comienzos del más grande

E l micrófono valorado en más de un millón de dólares>> secretaba el televisor, que se hacía eco de un reportaje dedicado a un  cantante muy famoso. Nosotros en el duermevela de la siesta, alzamos atraídos por la noticia un párpado, para que se nos revelasen  las formas del instrumento, pero apareció aquel bulto envejecido. Antaño había producido la dicha en millones de sus seguidoras y  tuvo en el hito del Teatro Paramount , una de sus paradas en el camino de la fama. Aquella noche en cambio, el fenómeno iba a actuar en el Santiago Bernabéu . A todos los italianos les brillaba una sonrisa al escuchar su nombre, pues a pesar de los esfuerzos de su madre, una genovesa que según la leyenda renegaba de su orígenes, Frank Sinatra nunca renunció a aquellas amistades de barrio y a otras más comprometidas y menos recomendables ( Salvatore Giancana , mafioso que controlaba el ocio nocturno en varias ciudades, entre otros).    Al fin y al cabo, Frankie...

Yo también amé a Ava Gardner

Infamantes ojos verdes de Ava Gardner que suplicaban ser amados e invitaban  al pecado en un país, que aún se debatía en una larga posguerra y en un carrusel de penitencias. Lugar de crisantemos, gasógenos, cartillas de racionamiento, y contención. Por eso en Madrid todavía rememoraban la estela del Buick azul de Manolete como si fuese la cola de una nave espacial, no vano, los transeúntes se paraban en seco, para admirar el venero de su chapa metálica en pleno Paseo de Recoletos . La economía entretanto había cobrado lentos impulsos tras el delirio de la autarquía gracias a que el Plan de Estabilización , que trajeron los tecnócratas de López Rodó , comenzaba a rendir frutos ( asimismo trajeron las bases para la posterior crisis bancaria).Se entiende entonces que la llegada de Ava Gardner en los años cincuenta fuese como un ciclón. La estampa de una mujer con sus curvas y labios suculentos, nada desdeñosos, que se paseaba garbosamente y se dejaba ver en los tendidos, despertan...