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Mostrando las entradas etiquetadas como Stefan Zweig

El ardiente secreto de Haendel.

Un golpe sordo, de cuerpo inerte había resonado en la pieza oblonga y en toda la casa. La babilla que espejeaba a la luz de los candiles, había brotado de la comisura de los labios de aquel hombre orondo, que rondaba una cincuentena considerada ancianidad para aquella época. Hasta que aparecieron frente a sus párpados entrecerrados, como sueños velados, tanto el fámulo que le veneraba como maestro celestial y el  criado siempre reservado y menguante, en cuanto el señor elevaba el tono. Ambos habían alargado los pasos ante el estruendo, subieron las escaleras al piso superior al trote, con caras de muda extrañeza. Intuyeron la desdicha que a la postre acabaron por confirmar. El maestro con leve estertor, tumbado bocabajo, emitía un chirrido como si quisiese vocalizar unas palabras. Rápidamente el fámulo le espetó al criado.- ¡Vamos, corre, que parece que le ha dado un ataque al corazón! Quitémosle la camisa y todo lo que le apriete, y pásel...

Tempestades de acero

Huelga decir, que el inusitado entusiasmo y la capacidad de aprehender el espíritu de los tiempos de Stefan Zweig nos transportó al período finisecular del XIX y a los primeros albores del siglo XX, pero que Ernst Jünger , personaje controvertido por su belicismo, representa como nadie el ardor de la guerra y al combatiente alemán, que se dirigió atolondrado e ilusionado al frente Occidental, en 1914. En Tempestades de acero , que es su primera novela y que hemos escogido para comentar en esta entrada, nos habla de una brillante generación que escuchaba las historias de sus abuelos como letanias insanas, porque no avizoraba aventuras con las que proclamar su heroicidad. Recordemos que el último enfrentamiento serio en el continente había tenido lugar hacía más de cuarenta años, en 1870, y del cual se derivó la pérdida de Alsacia y Lorena por parte de Francia, que en el imaginario de este país había alentado las ganas de una revancha, que parecía más lontana  de lo que realmente...