H acía demasiado frío en los alrededores de Teruel. Por eso, todos buscaron acomodo en torno a la chimenea, cuando aquel reloj de pared moraba por las seis de la mañana. Bostezos y la molicie de los cuerpos entumecidos de aquellos corresponsales, en los que la fealdad parece apoderarse de todos sus rostros. Una parte de los periodistas provenía del Gran Hotel de Zaragoza , donde estaban alojados con sus amantes confortablemente, por lo que el madrugón había hecho mella. Philby, el espía más célebre de la historia. -Madrugar nos hace más feos.- Observó el chistoso de aquel circo ambulante, en el que se había convertido la prensa. - Peor es h acer la guerra de noche, que es cosa de pobres.- Dijo alguien de los presentes. No con mucha razón le contradeciría cualquier experto en estrategia militar, precisamente resultaba el momento más propicio para las emboscadas. Pero se le adelantó un compañero de un diario francés, que ...
Un viaje por la historia y la cultura