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Mostrando las entradas etiquetadas como Miguel Hernández

De robinsones literarios y otros crápulas

M anchado y entre las presas, con un cigarrillo que coronaba unos labios gruesos, y esa nariz que parecía pertenecer a un disfraz. Un porrón que le daba porte y prestancia, porque tratábamos con un hombre muy talludo.  Ernesto Giménez Caballero salió mascullando por su mala fortuna. Un chorro de tinta de la linotipia le había alcanzado el rostro, cuando estaba tumbado y hurgando en las entrañas de la imprenta. - ¡Por Dios, ya está arreglada esta mierda de imprenta! Pero me ha tenido que mear encima. - Entonces apareció aquel muchacho de chaqueta raída y que andaba con alpargatas. Tenía aires de pordiosero. Miguel esforzó mucho el rostro para burilar una sonrisa de circunstancias. El mal café de aquel tipo del que dependía su estancia en Madrid, le había abrumado. Su mala estrella; sin dinero, habría que retornar a Orihuela con las orejas gachas, y escuchar todas las salmodias de su padrecito, que le había repetido el sonsonete de que la poesía era para los señoritos. - Nosotros so...

Alberti vs Hernández

S e  movían en un poso de percepciones diferentes. Cuando llegaba a una reunión de poetas,  Miguel Hernández con su olor a sudor y polvo, la ropa y zapatos desgastados, Federico García Lorca decía a escondidas  y con algo de maldad: " que viene el paleto ". Apuraba entonces su café, y movía fingidamente sus pies en un charlestón alocado, que mostraba premura por abandonar el local. - Adiós, Miguel, me tengo que marchar. Tengo muchísima prisa, otro día hablamos. - Adiós, Don  Federico - reponía con cara incrédula el de Orihuela, de no comprender nada.  Sabemos no en vano, que el ánimo aborrascado de Hernández poco se congraciaba con la frivolidad mundana de Lorca. Es más, a principios de  julio de 1936,  soplaban en Madrid los céfiros de una guerra que se mascaba en el ambiente, y Vicente Aleixandre , de cuyos amores nos ocuparemos en otra entrada, organizó una velada a modo de despedida. Todos eran conscientes de que se asomaban a un abismo de...

La misiva de un soñador

  De vez en cuando nos ponemos a rumiar ideas o rememorar lecturas, que guardan diferentes posos como dijese el gran escritor mejicano, Carlos Fuentes . De amplio repertorio y que hasta cuando revisita el clásico de Drácula , lo hace bajo nuevos visos y aparece con ternura el tópico del amor al hijo. Pues como decía, dichas ideas cristalizan tras un tiempo bullendo en nuestras  tercas seseras, enlentecidas por el tedio ordinario. De pronto, no sabemos las razones, pero nos  preguntamos por la carta que había escrito Miguel Hernández a Juan Ramón Jiménez , para recabar su apoyo en el ardoroso mundo de las letras. Fue una búsqueda súbita y abracadabrante que hubiese firmado el mismo mago Jodorowsky, puesto que apareció en el blog de Emilio Monte Hernanz . Tenemos en ella un Miguel Hernández , meritorio a poeta y admirador de Juan Ramón.   Miguel Hernández, instantánea de su estancia en la cárcel. De Desconocido - http:...