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Los comienzos del más grande

El micrófono valorado en más de un millón de dólares>> secretaba el televisor, que se hacía eco de un reportaje dedicado a un  cantante muy famoso. Nosotros en el duermevela de la siesta, alzamos atraídos por la noticia un párpado, para que se nos revelasen  las formas del instrumento, pero apareció aquel bulto envejecido. Antaño había producido la dicha en millones de sus seguidoras y  tuvo en el hito del Teatro Paramount, una de sus paradas en el camino de la fama. Aquella noche en cambio, el fenómeno iba a actuar en el Santiago Bernabéu. A todos los italianos les brillaba una sonrisa al escuchar su nombre, pues a pesar de los esfuerzos de su madre, una genovesa que según la leyenda renegaba de su orígenes, Frank Sinatra nunca renunció a aquellas amistades de barrio y a otras más comprometidas y menos recomendables ( Salvatore Giancana, mafioso que controlaba el ocio nocturno en varias ciudades, entre otros).   



De William P. Gottlieb - William P. Gottlieb Collection (Library of Congress), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=20000910


Al fin y al cabo, Frankie era un medio italiano surgido de un alfoz, donde las oportunidades de descarriarse, aparecían por doquier. La madre ausente por sus luchas sociales, pero que en cuanto paraba un segundo, le espiaba entre los visillos, se asomó enojada porque su Francesco era único, y otra vez iba tras los pasos de  aquellos maleantes italianos, que merodeaban como gatos por la noche ¡ Qué sacaban de provecho los amigotes  de su hijo! - No te acerques a las malas compañías, que son una influencia nefasta, hijo.- El joven de una sonrisa magnética, sabía que su madre se derretía por dentro. Estaba guapo a rabiar, cuando estrenó su primer borsalino. Se trataba del rito iniciático de cualquier adolescente de la época, igual que la toga viril en la Antigua Roma. Y el sombrero que llevaba casi siempre ladeado, como gesto de rebeldía, le daba una pista a Dolly de que su hijo se había perdido de nuevo por las calles y caminos angostos del barrio. No verlo en el perchero de la entrada en cuanto regresaba de sus campañas abortistas, le revolvía el estómago.
By Unknown - ebay.com, front of photo, back of photo, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=27819828
Sam Giancana, con el que Frank Sinatra
trabó una amistad sincera



Entonces, la mujer simulaba para rastrear las aceras, que se le había olvidado el pan, y con una rebeca ajustada, se lanzaba a la búsqueda de su retoño de dieciséis años. En la cabeza de Dolly afloraban los peores presagios, hasta que el adolescente con los hombros encogidos, se reconducía con ella  a casa. Más tarde los amigotes del barrio le azuzaban por su docilidad- Tu madre reniega de los italianos. Se ha convertido de pronto en una marquesa, que nos mira desde su atalaya.

- Calla, o te parto la boca.- El padre como boxeador amateur, le había enseñado unos cuantos golpes. Frankie comenzó seguidamente a bailar como una mariposa y a armar sus puños con los que descargar un jab, pero Umberto era demasiada pólvora para el adolescente desgalichado.- Lo retiro.- Dijo Umberto que no quiso aplastar como a una mosca a su amigo.  Por supuesto, Francesco respiró aliviado, por no tener que pelear con semejante mole.  
- Los que sí han renegado de nosotros, son los Macarrone. Por ahí fuera, dicen que son escoceses.- Y Norberto, el gracioso del grupo, aprovechó la ocasión para hacer reír a sus amigos.
- Y cómo es eso.-Rezongó divertido Francesco.
- Dicen que no son italianos, y que su apellido realmente es McArrone, que es una deformación que se ha italianizado.- Norberto  les volvió a sumir en una nube de carcajadas. Él hubiese sido gustoso el hijo de su vecina judía, que a guisa de broma le había enseñado esa mezcla de alemán y judío, el yiddish. Las ausencias de Dolly y del padre más díscolo, le acercaron a "su madre judía"  

Durante sus sesiones interminables de promoción, que tenían lugar en Nueva York,  le venían los recuerdos de aquellas tardes en las que los miembros de su pandilla, perdían alevosamente el tiempo con disquisiciones de pequeña monta.  Frank Sinatra se había convertido entonces en un ídolo que mimaba a sus seguidoras y que no tenía tiempo para él. Solía aparecer para que las muchachas se apiñasen en torno a su figura por las largas filas que se formaban para entrar en sus espectáculos. Tanto impactaba en la juventud el bueno de Sinatra, que cualquier prenda automáticamente se convertía a la mañana siguiente, en la más solicitada. Un pañuelo era buscado por tierra, mar y aire. Sin embargo, él seguía siendo el chico de barrio que anhelaba la aprobación de sus compadres de pandilla.  




Y quizá Frankie encontrase en la Mafia la añoranza de sus años mozos. Vigilado por Edgar Hoover, que hacía dosieres a tutiplein, sus coqueteos con los mafiosos le iban a provocar no pocos disgustos, y que tuviese que declarar en una comisión parlamentaria. Nunca se demostró nada, pero eso sería adelantarnos y saltarnos sobre todo el guion de la historia de hoy. Porque el muchacho todo un fenómeno de la época, resultó muy cumplidor. No quiso que la oportunidad que se le brindaba se pasase de largo; no obstante, éste deambular por miles de sitios, iba a quebrantar la salud de su matrimonio y de su carrera. Una América mojigata, sobre la que su mánager había proyectado la imagen de solícito padre de familia, no supo digerir los continuos escarceos del ídolo con el sexo contrario. Y su mujer tampoco. Comienza uno de los primeros declives que le hicieron recapacitar largamente, y cambiar su estilo. Dicen que la amistad que mantuvo con la gran cantante negra, Billie Holiday, iba a influirle musicalmente y le servirían para reinventarse una vez más.

Porque Sinatra renació de sus cenizas en numerosas ocasiones, sin duda; también tras su relación suicida con Ava Gardner, de la que hicimos esta reseña . Y esta primera, que cambió su estilo apostando por el swing de Holiday. La grandísima voz negra reconoció que solamente le había indicado al joven italiano que cambiase algo de su fraseo. Asimismo, las malas lenguas cuentan que Frankie lloró desconsolado en el lecho de muerte de Holiday, y se encerró varios días a escuchar los discos del Angel of Harlem(1) ¿ Por qué tanta frustración? Musicalmente ambos se habían influido, pero algunos recelaron de la naturaleza de aquella relación, y puede que traspasaran las puertas de una simple amistad.  Qué decir de las drogas y el alcohol, un infierno que no supo vencer la cantante de Filadelfia, y que le habían conducido a la caja de pino. Dejamos para otra ocasión las resurrecciones del gran Sinatra, que las hubo y varias. 




De William P. Gottlieb - Esta imagen está disponible en la División de música de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos bajo el código digital gottlieb.04211.Esta etiqueta no indica el estado de copyright del trabajo adjunto. Es necesario una etiqueta normal de copyright. Para más información vea Commons:Sobre las licencias.العربية | čeština | Deutsch | English | español | فارسی | suomi | français | עברית | magyar | italiano | македонски | മലയാളം | Nederlands | polski | português | русский | slovenčina | slovenščina | Türkçe | українська | 中文 | 中文(简体)‎ | 中文(繁體)‎ | +/−, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=11144787
El infierno del alcohol y las drogas arruinaron la vida
de una cantante maravillosa.

(1) U2 le dedicó su famosa canción Angel of Harlem 


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