I nmaduro, adusto, retrepado en una tumbona el profesor de literatura observaba gozoso el objeto inconfesable de sus deseos que se movía grácilmente, con la cadencia de los fotogramas de un quinetoscopio . Aquellos contoneos de la dulce ninfa emulaban en su mente a una bailarina de Degas , con la falda de gasa y las piernas apenas rollizas. A los cinéfilos se nos viene entonces a la mente el intrigante James Mason que presta su oficio a Stanley Kubrick, para crear una de las secuencias más memorables de la historia del cine . Seguidamente la joven alargó unos pasos quedos y el hombre macerado paladeaba, casi de forma premiosa las sílabas de su nombre, llenas de saliva y de un deseo ardiente. “ Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-lita: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.li.ta ” No cabe duda, de que el profesor experto en literatura fran...
Un viaje por la historia y la cultura