- ¿Q ué haces aquí? – Le preguntó desafiante, y con un desagrado rebullente. Aquel tipo le enfermaba, con sus argumentos y el falsete en la voz, con el que se conducía en sus circunloquios. Había acabado irritado no pocas veces en discusiones que no llevaban harto a ningún lugar. Un Diógenes de pacotilla, con más desaliño que el suyo. – Lo mejor era no hacer nada. – Le imitaba cuando en su enojo, se lo figuraba delante suya, pero en su cuarto recoleto . Como si el reflejo de la única vitrina que languidecía allí, fuera a resucitar la figura de Henry Miller . Un diletante de café, que se había hecho famoso por haber sabido recoger los ecos del Ulises en sus obras. – Pareces un fantasma. – En aquella ocasión no era ninguna figuración. Continuó Eric Arthur Blair hablando al Miller real. ¿Cómo disimular su asco? Responderle era caer en sus tretas de pensamientos fósiles. La realidad era mucho más...
Un viaje por la historia y la cultura