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Mostrando las entradas etiquetadas como Jorge Edwards

El talego y Dickens

- La prisión por deudas fue muy habitual en el pasado.- Apremio con mis dedos juguetones, el cáliz del gin tonic. Habíamos dejado el güisqui, la sangre de los cobardes según Charles Bukowski , que a falta de aplomo se toman un Macallan de doce años. Temo no obstante, aferrado al vaso que me refresca la mano en una tarde vaporosa y de canícula de julio, que se derrita todo el hielo para finalmente aguarme la ginebra.- Hemos progresado mucho desde entonces. Salvo que se evidencie un afán de apropiación indebida , la ruina no se traduce en cárcel. - Menos mal, porque con la crisis, hubiésemos pasado muchos por el talego.- Respira aliviado Ontiveros, que apura en una calada, la colilla moribunda que reverbera en sus labios. - Nos habríamos librado cuatro gatos. - Fíjate en  Charles Dickens . - Poco después, nos confundimos en nuestra cháchara con el periplo vital, de manera condensada, del gran escritor inglés. Quién no se ha despertado lívi...

Persona non grata

Siempre es dificultoso nadar a contracorriente. Cuando te acompaña la soledad más absoluta, y el eco de la voz de Jorge Edwards , que tañía con la hermosura del hablilla de los chilenos, se convierte en un soliloquio en una isla en la que sólo se murmura entre dientes, para no ser declarado un apestado por los servicios de inteligencia castristas. Hasta un  Pablo Neruda , receloso y repudiado por las autoridades cubanas, le dice que aguarde un tiempo, y que se deje llevar por la prudencia. Su discípulo/subordinado en la legación parisina,  Edwards, le había informado de su decisión de publicar un libro, Persona non grata , que relatase sus desencuentros con la dictadura cubana, cuando ejerció no sólo de encargado de negocios del gobierno de Salvador Allende , sino que recibió el cometido de abrir la primera legación americana en tierras caribeñas, en 1971. Todo un desafío al Tío Sam , que no se andaba con chiquitas, como más tarde comprobó...