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Mostrando las entradas etiquetadas como Randolph Hearst

El cuarto poder.

L o había dado todo por aquel maldito país. Incluso combatió en la Guerra de Secesión, pues le habían enrolado en Europa con sutiles promesas a los diecisiete años. Su desarrollado sentido de la supervivencia, le mantuvo al margen de los obuses de la artillería, que derribaban fortines como castillos de naipes. En aquel tiempo, había aprendido unas pocas palabras en inglés, por lo que sus compañeros de armas se comunicaban por señas con él. De ahí, que su memoria de aquellos años fuese más visual. Razonó entonces que aquellas bocas de acero, comenzaban a resultar una asechanza para los soldados rasos, marionetas que en muchas ocasiones peleaban por el capricho de sus superiores. Cuánto podrían costar en sangre una medalla por tomar una cota inaccesible. Y fue fraguando en la limosa espesura de sus iris, una especie de conciencia de clase. No tan compleja como la marxista, sino más intuitiva. Los débiles contra los poderosos. Joseph Pulitzer, visionario de un nuevo periodismo.  De...

La invasión de Welles.

" Señoras y señores, interrumpimos nuestro programa de baile para comunicarles una noticia de último minuto procedente de la agencia Intercontinental Radio El profesor Farrel del Observatorio de Mount Jennings de Chicago informa que se ha observado en el planeta Marte algunas explosiones que se dirigen a la Tierra con enorme rapidez... Continuaremos informando ”. Crepitaba la noche en el granero de los Jenkins, donde se recogían al finalizar la jornada, con el objeto de escuchar la radio. El mayor de los Jenkins con la jeta completamente ajada, se había asomado al cielo en el que titilaban las estrellas y rumiaban en silencio una soledad de millones de años.  ¡ N ada extraño! Aq uella noche habían llegado tarde a la serie de adaptaciones literarias que un joven revisionista, un tal Welles, llevaba a cabo por su ¿secreto amor por los clásicos? A Mrs Jenkins no le gustaba leer, pero como buena curiosa, gracias a aquellas retransmisiones se había dado una buena patina de cultura. M...

Oteros del dolor

C uando el dolor se retrepaba deletéreo en mis huesos y me carcomía por dentro como las termitas, me vinieron las imágenes de   Fatty , uno de los primeros actores en  besar el  Olimpo  del celuloide y en probar también, la amargura de su desdén. Evocaba entonces de manera tortuosa su celebridad, que habría de exaltar incluso a un iconoclasta como  Lenin . El padre de la  Revolución de Octubre  que no creía en el individuo y sí en quimeras orgiásticas colectivas, quiso conocerle en persona cuando se enteró de que se hospedaba en el mismo hotel. Cuenta  Jerry Dahl  en  Yo, Fatty,  que   la tiesura que siempre adornaba el semblante del revolucionario, se desvaneció en una sonrisa al observar a  aquella mole cerca de él. “  Con qué es él ” debió pensar el sátrapa, el mismo saco de michelines y curvas que le hacía desternillarse con sus piruetas en la pantalla. " Más alto de lo que pensaba " seguiría   Vladim...