Fumarolas en medio de un paisaje lunar con hedor a carne chamuscada. El cabo se mueve agazapado en los roquedales, que se entremezclan con un campo agreste y sumido en greda. Sigue avanzando para llevar el mensaje entre las trincheras erizadas de espinos, pero en un momento llega un silbido, y luego un silencio que lo invade todo. Hasta el tiempo se detiene, y por las esporas que bufan del engendro, comienza a salir el gas traidor. Él que se había tumbado en la hondonada, con el pulso agitado, nota cómo sus ojos comienzan a llorar de manera incontrolada.- ¡Mierda, mostaza! - Proyecta conjuntamente con su maldición un escupitajo. El cabo está desolado. Cada vez le cuesta más respirar, se ahoga y pierde el conocimiento. Antes de que se ponga la máscara antigás, ha absorbido algo de aquella mezcla deletérea. Se lo había recalcado su capitán, en cuanto tuviesen el más leve barrunto de que les gaseaban, tenían que echar mano de la máscara. Por un instante, se acuerda de su misión...
Un viaje por la historia y la cultura