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Mostrando las entradas etiquetadas como John Houston

Humprey Sellers

T iene la boca como pulpa de tomate, ni siquiera fuma.- Dijo el ayudante de dirección, que venía del hospital.- La verdad que es raro en él, no verle con ese palo asomado en los labios. -            Maldita sea.- Refunfuñó el señor Huston, mientras se mesaba su atávica barba.  -            Ni siquiera puede hablar o lo hace muy mermado. -            No me imagino a Humprey si no es con su voz.- Apuró la taza de café que mecía en sus manos candorosas. - Y nos quedan escenas por rodar. No podemos prescindir de ellas, porque si no la película no se entenderá.  -           Bogart no puede aparecer hablando raro. Acuérdese, señor Huston, que Gilbert fue el hazmerreír del cine mudo.- ¿Cómo olvidar esa dolorosa transición que tantas fantasías e ilusiones se llevó por medio? A John Gilbert le corrigie...

Sueños de un seductor

Suaves frazadas y el cuerpo amado disipando cualquier percepción hasta que escarchado  por el rocío de nuestras inseguridades, concluye el sueño en una cama que amanece solitaria; ver caer blandamente el objeto de deseo mañana tras mañana, ¡ qué frustración! Pero qué debería hacer un tipo más que corriente, con aires de  ratón de biblioteca , para llamar la atención de la mujer que ama o mejor dicho, que alimenta toda clase de fantasías eróticas ¿Le bastaría con tocar por ejemplo el clarinete?  Nuestro protagonista Allan Stewart Könisberg sin embargo, un buen judío,  tiene al pecado y al sexo como sustratos indisolubles de su mente.  Disculpen por si no han caído, antes de seguir, ¿no sabemos si les suena este nombre? Hablamos por supuesto del irrepetible Woody Allen , que  suficiente tenía con contener una verborrea y unas neurosis, que si desempolvaba se convertían en un potente chorro de palabras, que empeorarían las cosa...

Y el verbo se hizo mujer

Un desdeñoso Julio Camba intuyó en el año 1928 que la irrupción del sonoro supondría un terremoto en la concepción del cine, al que todos consideraban el hijastro menor del teatro , pero que por atraer el foco de las masas, acabaría comiéndoselo (1) . En algunas ocasiones son los hijos los que se devoran a Saturno , más en el mundo de la tecnología. Sin embargo, nos inmiscuiríamos en otra historia, que nos guardaremos en la recámara. Como decíamos, Camba, en un artículo despellejaba la nueva invención, puesto que acabaría con la universalidad del cinematógrafo, que se iba a fragmentar hecho añicos en los distintos idiomas del globo terráqueo ( hicimos una semblanza de Camba en el ejercicio de corresponsal de ABC en los EEUU ) . En nuestros tiempos, las muecas de los artistas del cine mudo nos parecen paródicas por el exceso de histrionismo, pero en ausencia de palabras con las que elevar sus estados de ánimo, los estudios reclamaban...

Cuando éramos reyes

En plena resaca, con unas bolsas que rodean nuestras ojeras tras una noche de sábado con resabios futboleros, como si en un trampolín del tiempo hubiésemos pegado un brinco de años, por supuesto envejeciendo, vuelven a la memoria unas palabras del director de cine,  José Luis Garci   (1)   Imaginemos a este ilustre atlético, sumergido en la triste melancolía de la derrota, expeliendo las humaradas azules y la voz cascajosa cabalgando por las numerosas inflexiones que caracterizan sus circunloquios.  Don Jose Luis ha repetido hasta la saciedad que salvo honrosos filmes como  Evasión o Victoria  de  John Houston , no ha habido ningún ejercicio cinematográfico que supiese plasmar la épica del fútbol. Luego con su habitual prosodia, nos evoca que el fútbol tiene ecos caballerescos y por qué no, algunos autores emparentaron a nuestros jugadores con los gladiadores de antaño. ¿Sería Cristiano Ronaldo el Publius Ostorius de Pompeya ? Y el h...