U n guiñapo, al que dos alguaciles parecían custodiar y sin embargo, le rendían honores. La vieja gloria no era acusada formalmente de nada. O sí, la sospecha era más hiriente que cualquiera de las ofensas, pues el sospechoso no sabría a qué atenerse para su defensa. Así, un diario vespertino había publicado la información de que se había embolsado comisiones cuantiosas. ¡Una mentira grosera! Ni un franco mísero, que no correspondiese a sus emolumentos. Buscó acaso su gloria y la del país con demasiado ahínco, dado que Fernando Lesseps creía más en otro tipo de juicio, el de la historia. Por eso, no había comprendido nada de los acontecimientos que le rodeaban; solamente necesitaban la última inyección de dinero, con la que hacer viable el proyecto de su vida. Nada más y nada menos. Él, el gran artífice del Canal de Suez, recordaba a muchos de sus interlocutores, que la historia en África había tenido un guion parecido. En Panamá no orillaron ...
Un viaje por la historia y la cultura