L a guerra qué absurdo, receló Benjamin Péret . Sin embargo, aquella estaba revestida de graves ínfulas y revoluciones sociales. Era lo que había escuchado a un escuchimizado Andreu Nin, que en sus disertaciones corría un gran peligro, pues cada vez desafiaba más al Kremlin. ¿Creería que saldría ileso del trance? ¿O qué en el comunismo se podría opinar libremente? Como materialistas, en el sentido ideológico, solamente entendían la libertad en sentido material. ¡Cuidado! Soso no era un enemigo con el que se pudiese bromear. Solamente le hacía gracia Mijail Bulgakov , que también traspasó esa línea en numerosas ocasiones. Pues ese catalán de acento cerrado, lo había leído con profusión y como uno de los desheredados, cogió afecto a su causa. Peret que hablaba el español con acento de gabacho, se esforzaba por intercambiar palabras en aquel idioma con Andreu, pero no, mejor conversar en francés. Acudió a su llamada, la llamada del POUM. La causa obrera exigía una revolución...
Un viaje por la historia y la cultura