- ¡Han aceptado nuestra oferta, Philippe!- La inspectora Antoinette Simenon había fruncido el entrecejo , hermosa hasta cuando tenía la mirada dispersa. La joven se había adentrado en la sala, y con desdén fingido, Philippe Pellegrini asintió aprobadoramente. Una virgen gótica que tenía los labios carnosos y unos ligeros ojos verdes, caviló Philippe. La nefelibata de Rubén Darío atinó poco después el inspector, pero cómo dedicarle más que una mirada a hurtadillas. Siquiera pensar en las curvas opulentas de la inspectora Simenon, sería infringir las normas más elementales de trabajo. Así que simplemente le repuso. - Estupendo, Antoinette Al inspector Pellegrini con aire de pendenciero por la bohemia que cultivaba con sus atavíos descuidados y sin embargo, era un tímido recalcitrante, aquella tarde le escocían los ojos. Unas pequeñas lágrimas de emoción le habían empañado la visi...
Un viaje por la historia y la cultura