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Mostrando las entradas etiquetadas como Charlie Chaplin

La guerra bancaria de 1914

  ¿Q uién conocía realmente a Montagu Norman ? El caballero excéntrico, que moraba en una mansión decimonónica convertida en fantasma de vanguardias ornamentales. Sus manías, y el hecho de que hollase la cuarentena como solterón, le convertían en un nigromante a ojos de una sociedad, que se sacudía los resabios de la época victoriana. Objeto, por ende, de no poco tole tole y de chanzas en su exclusivo vecindario. ¿Habría sido víctima de la fiebre homoerótica que se vivía en las Academias militares? En cualquier caso, algunos residentes superaban sus prejuicios y se acercaban al señor Norman con el oscuro objeto de pedirle consejo en los negocios, pues su carrera en la banca de inversión había sido meteórica. Contaban las malas lenguas, que el vejestorio del Gobernador del Banco de Inglaterra, el barón Walter Cunliffe,   solamente se fiaba de las ideas del señor Norman. Con esos años, Montagu era como un adolescente en aquel mundo de los elegidos, tan hermético como proclive pa...

El fordismo

  B olas de humo, piruetas de caladas y el omnipresente y pestilente alcohol, que prometía paraísos más cercanos que el de la Biblia, como era el del olvido. Unos minutos, quizá unas horas, a la salida del bar, la otrora bella Nancy, que había engordado veinte kilos, y había trocado una sonrisa angelical, por una mellada, le rezongaría que había perdido el jornal con sus borracheras. ¿Cómo comerían sus hijos? Aquella mirada agria, de animal herido, de su esposa, resultaba la peor condena. Ahora Nicholas Moore, Nick para los amigos, se había reformado. Parecían, junto a sus compañeros de la fábrica, unas monjas de clausura. Así fueron las cosas, que para ser un empleado Ford, había que ser abstemios, lo que producía rechifla entre los antiguos camaradas. – Prefiero no probarlo. – Se defendió Nick.  Tiempos modernos, una genialidad más de Chaplin En aquella época las borracheras resultaron una lacra, y la principal causa de enfermedades y absentismo. Tocar esa tecla por parte de...

Oona y Salinger

C omo en tantas otras ocasiones, que una opinión en exceso encomiástica, demora una lectura muy recomendable, pues de esta guisa nos presentamos ante   Oona y Salinger . La novela envuelta en el polvo, languidecía en un lugar remoto de la estantería, escondida entre tomos de finanzas. Hasta que despertó de su sueño, una tarde que balanceé el ejemplar en mis manos. Obra   de uno de los enfant terrible del panorama literario actual francés, Frédéric Beigbeder desde las primeras páginas aborda la historia en un estilo muy particular. Encareciendo al lector que comprenda sus ansias de contaminarse de la candidez de la juventud y de no envejecer nunca. Nos transporta a su universo particular, lo que sonará frívolo para no pocos, pero que a posteriori cobrará sentido. Beigbeder cuenta cómo esquiva a cualquier coetáneo, para que no le imbuya en la clase de problemas típicos de la cuarentena. Los hijos adolescentes, la escasez de tiempo personal, las arrugas que crecen por doquier ...

Oteros del dolor

C uando el dolor se retrepaba deletéreo en mis huesos y me carcomía por dentro como las termitas, me vinieron las imágenes de   Fatty , uno de los primeros actores en  besar el  Olimpo  del celuloide y en probar también, la amargura de su desdén. Evocaba entonces de manera tortuosa su celebridad, que habría de exaltar incluso a un iconoclasta como  Lenin . El padre de la  Revolución de Octubre  que no creía en el individuo y sí en quimeras orgiásticas colectivas, quiso conocerle en persona cuando se enteró de que se hospedaba en el mismo hotel. Cuenta  Jerry Dahl  en  Yo, Fatty,  que   la tiesura que siempre adornaba el semblante del revolucionario, se desvaneció en una sonrisa al observar a  aquella mole cerca de él. “  Con qué es él ” debió pensar el sátrapa, el mismo saco de michelines y curvas que le hacía desternillarse con sus piruetas en la pantalla. " Más alto de lo que pensaba " seguiría   Vladim...