Casi nadie se acuerda de aquellos rostros anónimos, que pertinaces historiadores del arte sacaron de las sombras. Como investigadores quisieron dar vida a las protagonistas lacónicas del lienzo, el desnudo sensual que perpetuaba relaciones llenas en algunos casos de procacidad, para las desdichadas familias de las muchachas. Las modelos sufrían no en vano largas sesiones, expuestas como sacerdotisas vestales a los rigores de los gélidos estudios, a los que con mucho llegaba una estufa de leña, que no siempre estuvo alimentada por la modestia de sus anfitriones. Se ahorraba en calefacción, en ropa, y en alguna comida como recordaba Amedeo Modigliani . Desde luego, que muy tempestuosa fue su relación con la bellísima Jean Hébuterne: la magia de sus ojos le produjo tal embeleso, que el caballero de la trementina se rindió a la joven que esbozaba una sonrisa íngrima, porque había amado desde el primer momento a Modigliani. El artista ...
Un viaje por la historia y la cultura