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Mostrando las entradas etiquetadas como Errol Flynn

La última farra de Barrymore. Walsh y Errol Flynn

  -          A mí me gustaría que me montase Errol. - Dijo la más blonda de las muchachas, de unas piernas más largas que un sueño  y sobre las que se erigía muelle, gracias a su entusiasmo. Hizo un gesto lleno de voluptuosidad, como si a horcajadas se subiese a los lomos de un corcel, que era ella misma. Ebria derribó algunas copas llenas de Moët & Chandon.  -          -         No la líes, Adele, y qué graciosa, tú te quedas con Robin Hood, y yo me follo a Juan sin Tierra. - Era cierto que John Barrymore tenía la vacilante palidez de los alcohólicos. Una gran apostura, y la frente bruñida de sudor. Su parloteo gangoso, que distaba de los  papeles de galán, malvado eso sí, que solía interpretar en la gran pantalla, pero la priva le deformaba el habla. Y le hizo perder facultades. En María Antonieta , el reparto fue consciente de sus limitaciones.  Cómo no, si duran...

Rambal, mago del teatro.

E ra una tarde vaporosa y chubascosa de invierno. El frío se le había metido en los huesos, y la recoleta sala de cine prometía el calor humano, un buen resguardo para las inclemencias. Pero el padre iba con una sonrisa cincelada porque se imaginaba que tamaña sorpresa, no unas vulgares entradas de cine, provocaría la algarabía en sus retoños.  Convencido del éxito,  discurrió presuroso por los cascotes que flanqueaban todo el alfoz de Argüelles. Fantasmas de la guerra que si se aguzaban los sentidos, aullaban sus penas. En cualquier caso,  la vida cuando la muerte había estado tanto tiempo acechante, se abre paso a trompicones. Seguidamente Gerardo subió las escaleras con grandes zancadas, y aporreó la puerta. Escuchó al fondo las pisotadas ligeras de sus niños.- ¡Abrid niños, que es papá!- Tenía las llaves en el fondo del gabán y entre gurruños de papel de la oficina. Pese al amago de los hijos, su mujer le franqueó  finalmente la puerta. - Os he dicho que no ab...