T enía tanto los dientes como el rostro roídos por el mismo cansancio. Ojos hundidos, tras unos quevedos, y las respuestas llenas de ironía. La entrevista se habría producido en cualquier parte de los Estados Unidos de América. – Si me pasase algo, sabe Stalin, que saldrían muchas verdades a la luz que no le dejarían bien parado. – El aparato que grababa la entrevista, seguía girando mientras resistía la fuerza de una mirada atónita. Stalin podría lanzar miles de cortinas de humo, con las que dar la vuelta a una verdad, por lo que no me resultó difícil imaginarme las risotadas que le provocarían al camarada número uno, la afirmación de Alexander Orlov . El tipo al que me enfrentaba con preguntas como mi único arma, había sido uno de los fontaneros más serviciales y despiadados del NKVD . Hombres que garantizan que el sistema siga a flote, a pesar de sus miles de perversiones y agujeros. Como dijo un historiador occidental, el miedo es el verdadero motor de la historia. Yo creía p...
Un viaje por la historia y la cultura