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Mostrando entradas de mayo, 2017

Un cambio de papeles

La luz del foco hería sus pestañas.- Confiese, tenemos un testimonio en contra suya.- El oficial le colocó un cigarrillo en los labios tumefactos. Tenía el cuerpo arrugado; el monigote que se sentaba como un helado derretido en la silla, seguía sin entender la lluvia de golpes que había arreciado sobre su rostro. - No tenemos prisa, dentro de poco volverá mi compañero a relevarme. - Y el gendarme se regodeó y fraseó deliberadamente sílaba por sílaba, que escupió con desdén de sus labios gordezuelos  - ¿Sabe lo que daría por un café en sus circunstancias? Calentito para espantar el mal cuerpo.
- ¿Qué? - Barbotó la masa informe. - Me pongo en su lugar y doce horas de interrogatorio. Confiese, se sentirá mejor.- A veces, pensó el oficial si no les instilasen un odio acerbo hacia el enemigo, se difuminaría enseguida la hiel. ¿Qué podría hacer aquel guiñapo? Desvió su atención a los nudillos quemados por colillas, y expelió el humo de su cigarro en la cara del interrogado.- No le apetece f…

Un patriotismo ciego

Fumarolas en medio de un paisaje lunar con hedor a carne chamuscada. El cabo se mueve agazapado en los roquedales, que se entremezclan con un campo agreste y sumido en greda. Sigue avanzando para llevar el mensaje entre las trincheras erizadas de espinos, pero en un momento llega un silbido, y luego un silencio que lo invade todo. Hasta el tiempo se detiene, y por las esporas que bufan del engendro, comienza a salir el gas traidor. Él que se había tumbado en la hondonada, con el pulso agitado, nota cómo sus ojos comienzan a llorar de manera incontrolada.- ¡Mierda, mostaza! - Proyecta conjuntamente con su maldición un escupitajo. El cabo está desolado. Cada vez le cuesta más respirar, se ahoga y pierde el conocimiento. Antes de que se ponga la máscara antigás, ha absorbido algo de aquella mezcla deletérea. Se lo había recalcado su capitán, en cuanto tuviesen el más leve barrunto de que les gaseaban, tenían que echar mano de la máscara. Por un instante, se acuerda de su misión y cómo ha…

Sueños de un seductor

Suaves frazadas y el cuerpo amado disipando cualquier percepción hasta que escarchado  por el rocío de nuestras inseguridades, concluye el sueño en una cama que amanece solitaria; ver caer blandamente el objeto de deseo mañana tras mañana, ¡ qué frustración! Pero qué debería hacer un tipo más que corriente, con aires de ratón de biblioteca, para llamar la atención de la mujer que ama o mejor dicho, que alimenta toda clase de fantasías eróticas ¿Le bastaría con tocar por ejemplo el clarinete? Nuestro protagonista Allan Stewart Könisberg sin embargo, un buen judío,  tiene al pecado y al sexo como sustratos indisolubles de su mente.  Disculpen por si no han caído, antes de seguir, ¿no sabemos si les suena este nombre? Hablamos por supuesto del irrepetible Woody Allen, que  suficiente tenía con contener una verborrea y unas neurosis, que si desempolvaba se convertían en un potente chorro de palabras, que empeorarían las cosas. Una especie de Caja de Pandora para sus citas. A fin subsanar …

Buñuel en República confidencial

Con un dry Martini se le soltaba la lengua. Pues eso, un inspirado Luis Buñuel contaba en su libro de memorias, Mi último suspiro, que la gran París, grisalla de los artistas de orígenes más diversos, se había convertido en un polvorín en la década de los treinta. De todas formas siempre fue una urbe pródiga en violencia, sobre todo para unos ojos más acostumbrados a las sutilezas de los hombres que guardan las apariencias y no resuelven sus odios, sin embozos. No en vano, en una de sus primeras incursiones en la noche de la capital francesa, el de Calanda  todavía ebrio por los contornos vaporosos de sus bulevares,  recordaba cómo a su amable anfitrión en una cena, se le demudó inopinadamente el rostro. Y sin mediar palabra, salió disparado al otro extremo del restaurante, para abofetear a un desgraciado. Cuando retornó a la mesa, le habló de la insolencia de aquel tipo narigudo.- ¡Tenemos un verdadero problema judío! - Era la primera vez que escuchaba algo a la sazón.

- ¿Pero usted …

Viaje al miedo en la Sublime Puerta.

¡Recabar el apoyo de los turcos! Esa era la misión secreta que había llevado a WinstonChurchill a reunirse con las autoridades  de aquel país, que no era cualquier país para el viejo león de la política británica, precisamente. Con sus pasos vacilantes, el bombín encasquetado a su cabeza voluminosa y unos vasos de güisqui matutinos hirviéndole en el torrente sanguíneo, se dirigió al encuentro reconfortado y creyendo haber espantado sus miedos respecto al pasado. La recepción tendría lugar en un vagón, con los fantasmas  angostos de Gallipoli aguardándole en su cabeza. ¡Imposible no acordarse de semejante cagada! - ¿Qué desea tomar, el señor? - Le advirtió el metre del vagón que llevaba estampada una sonrisa en su rostro, y le sacó por un instante de su íntima zozobra. La  experiencia de Churchill en la diplomacia, le prevenía en cualquier caso contra la cordialidad afectada  turcoárabe. Tampoco diría que un vaso de ginebra o por rizar el rizo, haber llevado a cabo la reunión en la cam…

Huidobro, baleador de versos y excusas.

Sabíamos que con Altazor, encimó cumbres insospechadas de la poesía. Por su precocidad y plasticidad fue realmente envidiado. Sin embargo, el gran amor de su vida, María Teresa Wilms Montt , tuvo un final desgraciado que jamás habría barruntado, y por culpa del cual Vicente Huidobro, el gran poeta, apenas tuvo consuelo en los años siguientes. Un halo de tristeza velaba su rostro de gentleman chileno, los sinsabores de un amor no correspondido, con un epílogo tan trágico que estuvo siempre presente en su mirada. Cada vez que enfrentaba a su amada, un labio feble que no pudo controlar mientras bebía los vientos huracanados o tibios por aquella maravillosa musa. María Teresa siempre fue un ángel quebradizo y de extraordinaria belleza. Su extrema fragilidad le hacía caer en los avernos a los que Huidobro acudía en su rescate. Como aquella vez que enclaustrada en un convento por un marido celoso y que en sus ataques de ira, golpeaba a la joven María Teresa, Don Vicente acudió en su rescate…