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Mostrando las entradas etiquetadas como Joyce

Lo-li-ta

I nmaduro, adusto, retrepado en una tumbona el profesor de literatura observaba gozoso el objeto inconfesable de sus deseos que se movía grácilmente, con la cadencia de los fotogramas de un quinetoscopio . Aquellos contoneos de la dulce ninfa emulaban en su mente a una bailarina de Degas , con la falda de gasa y las piernas apenas rollizas. A los cinéfilos se nos viene entonces a la mente el intrigante  James Mason que presta su oficio a Stanley Kubrick, para crear una de las secuencias más memorables de la historia del cine . Seguidamente la joven alargó unos pasos quedos y el hombre macerado paladeaba, casi de forma premiosa las sílabas de su nombre, llenas de saliva y de un deseo ardiente. “ Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-lita: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.li.ta ” No cabe duda, de que el profesor experto en literatura fran...

Una deconstrucción del brazo a lo Valle

Como buen iconoclasta, Don Ramón , admirador del hombre más ardoroso e individualista, sea pirata, carlista, o trapecista, se preciaba sin embargo de aureolarse a si mismo de leyendas siniestras. Más por cuanto se refería a su brazo izquierdo o  a la ausencia del mismo ¿Habría sido que se lo mocharon en una de sus aventuras de corsario, cuando  en el transcurso de cualquier pendencia, un mandoble mal dado le había privado del mismo? Mucho antes, frisando la treintena, el autor gallego había llegado a un Madrid finisecular y provinciano, inmerso en centones de cuitas literarias, que basculaban en torno a los cafés de la Puerta del Sol . Allí, periodistas consagrados a plena luz del día improvisaban oficinas, donde escribían abstraídos  lo que les faltaba de la crónica, el artículo. Por aquel punto de fuga y encuentro capitalino, anduvo sus primeros pasos un Valle- Inclán con acento gallego, además de a...