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Mostrando las entradas etiquetadas como Gerda Taro

Buñuel en República confidencial

Con un dry Martini se le soltaba la lengua. Pues eso, un inspirado Luis Buñuel contaba en su libro de memorias, Mi último suspiro , que la gran París, grisalla de los artistas de orígenes más diversos, se había convertido en un polvorín en la década de los treinta. De todas formas siempre fue una urbe pródiga en violencia, sobre todo para unos ojos más acostumbrados a las sutilezas de los hombres que guardan las apariencias y no resuelven sus odios, sin embozos. No en vano, en una de sus primeras incursiones en la noche de la capital francesa, el de Calanda  todavía ebrio por los contornos vaporosos de sus bulevares,  recordaba cómo a su amable anfitrión en una cena, se le demudó inopinadamente el rostro. Y sin mediar palabra, salió disparado al otro extremo del restaurante, para abofetear a un desgraciado. Cuando retornó a la mesa, le habló de la insole...

Gerda Taro, la fotógrafa con mucho Garbo

Aun guardaba en sus ojos develados por la tristeza, los lacónicos campos alemanes. Con el traqueteo del tren y su apaciguado discurrir, trató de acumular en sus retinas todos los detalles, porque con el aliento de los nazis que la perseguían por su doble condición de judía de izquierdas, Gerta, se temió que no volvería a su querida Alemania. Aventados sus derechos como comunidad desde las Leyes de Nuremberg y mucho antes, ella creyó el momento de la retirada para luchar en la distancia por su patria. Fue entonces que la colosal urbe parisina se abrió maternal a su inmensos anhelos de construir algo grande,aunque  todavía impreciso. Vagó sin destino con su maleta de cartón prensada, hasta que conoció a una muchacha con sus mismos fines y con la que iba a compartir apartamento. Había que comenzar en cualquier caso por la subsistencia. La inolvidable Garbo que inspiró a Taro (Gentileza de wikimedia commons) Largos paseos por el Jardín de Luxemburgo , ...

Hotel Florida, circo ambulante y literario

Al Madrid literario le mocharon una aguja y ventanales recreados por un hado de la arquitectura, llamado  Antonio Palacios . Fruto de la especulación que algunas lenguas malhadadas circunscriben al entorno más cercano de  Carmen Polo , mujer del  dictador Franco , el  Hotel Florida  como testimonio de una época aventurera iba a ceder su lugar a un espacio comercial destinado a  Galerías Preciados,  que también el deletéreo paso del tiempo ha condenado al desván del olvido. Es cierto que por sus estancias de buen tono, un peldaño por debajo de los dos trasatlánticos de la época de la hospedería en Madrid, el  Ritz  y el  Palace  (1) , resonó el repiqueteo de la mítica  Underwood  de  Hemingway , quien fielmente todas las noches, desde su habitación número 109 recreaba con incisivos artículos el rastro que dejaba nuestra Guerra Civil en los cuerpos y sobre todo en las almas de los supervivientes ( los muertos ni sueñ...