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Camarada príncipe.

C on ojos de ratón asustado, salió de su madriguera. En el exilio se valoraba su alcurnia, hijo de un Ministro del Gabinete de 1905, que tan bien resistió los embates revolucionarios en opinión de la nutrida representación de la Rusia blanca. Qué se pecase de excesos, el tiempo había juzgado como erróneas aquellas apreciaciones. Sin embargo, que su editor le ofreciese realizar una biografía del demonio, le había hecho olvidar su ronquera.- Pero, señor, cómo quiere que sea imparcial, si he de escribir sobre el causante de tantas de nuestras desgracias. ¿ No me ve? - Un gabán ceniciento y roto, las ojeras que circundaban su mirada llena de congojas. - Creo en usted, señor Príncipe. Hará su tarea de la forma más fiel posible, le conozco. Y para desnudar a Lenin, no hace falta más que contar la verdad.  Con el domingo sangriento de 1905, el hilo invisible y robusto que unía al Zar con sus súbditos, se quebró inexorablemente Así se encerró en un torreón lleno de farallon...