L as dos siluetas f umaron amparadas en la sublime oscuridad del teatro ¡La oscuridad, preciosa compañera cuando sobrevolaban los Heinkel y los Fiat por el cielo de Madrid! Y si no, un miliciano te lo recordaba desde la calle: '¡ hijoputa, fascista, apaga esa luz! Anastasio rememoraba estas lindezas, mientras ardía en una cólera interior, que no logró disimular. Daba caladas nerviosas, con el eco de los diálogos que en el ensayo, al estar la platea vacía, sonaban igual que en una caracola. No en vano, José Luis, el actor principal que interpretaba a Moliere y a su Tartuffo, se habia empeñado en disfrazarse con el famoso sayo amarillo. Les dolía la vista de ver aquel fulgor sobre las tablas tanto a Anastasio, uno de los encargados de cultura de la CNT, como a Alfonso el director artístico de la obra: una recreación de la vida del dramaturgo francés. Pero a ver quién le rechistaba; pues el divo se excusaba seguidamente con un dolor de cabeza, que interrumpía los ensayos para reb...
Un viaje por la historia y la cultura